La esquina

A ver si empezamos bien

NO lo tiene difícil Zapatero para asegurarse una gobernación estable y sin sobresaltos. Sólo necesita siete votos en el Congreso para aglutinar una mayoría absoluta (y también el acuerdo con el PP para los cambios y representaciones institucionales que ha de acometer, pero ésa es otra historia).

Lo que sí ocurre es que dos aliados a los que ha privilegiado en la legislatura pasada (Izquierda Unida y los republicanos independentistas de ERC) ahora no le sirven. Ninguno de ellos ha pasado la ITV de las urnas. Sus dos y tres escaños, respectivamente, en el 9-M han devenido irrelevantes. En el caso de ERC Zapatero habrá asistido a la debacle con cierto alivio, porque en estos cuatro años pasados nadie como Carod y Cía ha metido al presidente en tantos líos, salvo, quizás, él mismo.

Los siete votos que salvaguardarían la tranquilidad del presidente del Gobierno en su segundo mandato podrían proceder de los nacionalistas de CiU (que dispone de once, aunque uno lo disputa todavía con el PP) o de los nacionalistas del PNV (en realidad cuentan con seis, pero sería fácil adjuntarles el escaño de Nafarroa Bai). Zapatero, de momento, ha dejado abiertas las posibilidades de las dos opciones, aunque no se recató en subrayar públicamente que había hablado por teléfono con Iñigo Urkullu, nuevo presidente peneuvista, sin mencionar si también había dialogado con Duran o Mas. Quizás eso quiera decir algo.

La alianza con CiU presenta un inconveniente no menor: potenciaría y realzaría el papel en la política nacional de una coalición que es la competidora directa del Partido Socialista de Cataluña y la oposición natural del gobierno tripartito que encabeza José Montilla. Y el PSC ha hecho una aportación muy notable a la victoria electoral de Zapatero, de la que sus líderes sugieren, con su prurito soberbio de independencia orgánica, que van a pasar factura al presidente del Gobierno de España.

La alternativa es el PNV, que ha acudido en ayuda del PSOE en estos cuatro años. El problema, en este caso, tiene nombre propio: Juan José Ibarretxe, uno de los políticos más nefastos de la democracia, que mantiene imperturbable, con fecha y todo, su referéndum ilegal sobre el "derecho a decidir" de los vascos (derecho inexistente mientras siga vigente esta Constitución). Ayer tanto Ibarretxe como el líder del PNV dieron por hecho que la iniciativa soberanista seguirá adelante. Si en los contactos Zapatero-Urkullu no consigue, el primero, que el referéndum se vaya olvidando y acepta, por el contrario, que esa convocatoria entre en el paquete de lo negociable, el presidente volverá a incurrir en sus pecados de buenismo y voluntarismo. Así no vamos a empezar bien.

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