Crónica personal

Pilar Cernuda

El futuro de Rajoy

HA conseguido 400 mil votos más que en la anterior convocatoria y ha sumado cinco escaños a los que ya tenía... pero no ha ganado las elecciones, por lo que el triunfo tiene un sabor más amargo que dulce, mal que le pese a Mariano Rajoy y a su equipo.

De nada vale el argumento de que si el PSOE no hubiera tenido tantos votos de IzquierdaUnida hoy estaríamos hablando del gobierno que pensaba hacer Rajoy: muchos de los votantes de IU se han pasado a las urnas de Zapatero precisamente para cerrar el paso a Rajoy y al PP, más que por retirar su apoyo a un Llamazares que ha sido un político a la deriva en los últimos años. Y esa es una de las claves que debe analizar el PP: el nivel de rechazo a su presidente. Ha consolidado lo que parecía impensable, diez millones de votos, pero no le dan el gobierno si desde otras formaciones se utiliza el voto "contra" el PP. Ese voto "contra" es el principal capital de Zapatero, un político que no merecía aprobar la asignatura.

Mariano Rajoy no ha pronunciado la palabra dimisión y quizá no lo haga, aunque es seguro que ya sabe que esa palabra se rumorea en su entorno. El resultado ha sido bueno, pero en el PP aspiraban a más, y cuando se han perdido dos elecciones lo lógico es poner el cargo a disposición del partido para que el partido decida.

En este momento no se ven personas más cualificadas que Rajoy para dirigir el partido y con escaño en el Congreso de los Diputados; no lo tienen Esperanza Aguirre ni Alberto Ruiz Gallardón. Aparte de los dos madrileños, se escuchan también los nombres de Manuel Pizarro, Rodrigo Rato y Francisco Camps, pero sólo el primero de ellos es diputado, aunque de tan reciente elección, tan reciente militancia y tan reciente ingreso en política que no es lógico convertirlo en presidente de un partido que apenas conoce. En cuanto a Rato, todo apunta a que ha cerrado página en su carrera política y Camps tampoco cuenta con escaño.

El PP está obligado a hacer una profunda reestructuración interna, debe reinventarse, refundarse. La persona más indicada para hacer esa operación es el propio Rajoy, pero en buena ley el resultado del 9-M tendría que hacerle reflexionar sobre la conveniencia de poner su cargo a disposición del partido. Aunque se comprende que algunos de sus colaboradores se resistan a pensar en esa posibilidad, no sólo porque consideran que ha conseguido un buen resultado, sino también para impedir que alguien tenga tentaciones de acudir a Aznar para que tome decisiones sobre las personas que deben dirigir el PP en el futuro inmediato.

Se abre un periodo complicado para el PP. Pero el partido puede salir bien parado si Rajoy no se aferra al poder y juega con inteligencia sus cartas.

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