Editorial

El destino de los terroristas

LA Policía francesa detuvo a mediodía de ayer a dos de los presuntos miembros de ETA autores del atentado que ha costado la vida a dos agentes de la Guardia Civil dedicados precisamente a tareas de información relacionadas con la lucha antiterrorista en territorio galo. Desgraciadamente, la detención casi coincidió en el tiempo con el fallecimiento de Fernando Trapero, el segundo de los guardias, que se encontraba en coma profundo desde el atentado, el sábado 1 de diciembre. Los etarras capturados serían Asier Bengoa, de 31 años, que ya cumplió condena en España por su pertenencia al aparato de captación de ETA, y Saioa Sánchez, quienes iban armados y llevaban una abundante cantidad de dinero en el momento de su detención. Con ellos se cumple dos de las características detectadas en los comandos terroristas en los últimos años: la juventud de sus integrantes y el escaso tiempo que transcurre entre la comisión de sus delitos y la captura y puesta a disposición judicial. Una vez más la cooperación estrecha y sin ambages de las autoridades de Francia con la lucha antiterrorista de España ha dado fruto s de manera inmediata, subrayando su carácter de requisito imprescindible para el éxito de la lucha contra el terror. Mientras otros frentes necesarios del combate anti -ETA , como la unidad de las fuerzas políticas democráticas, están aún cogidos con alfileres, como se ha podido comprobar en los últimos días, o el proceso de ilegalización del nuevo brazo político de la banda (ANV), sobre cuyo impulso continúa el debate, en materia de eficacia policial y Justicia diligente hemos experimentado un gran avance. Este avance, seguramente irreversible, es el que ha permitido que la sociedad se refuerce en sus valores democráticos y cívicos y que los terroristas hayan perdido la esperanza de que el Estado de Derecho se arrodille y claudique políticamente ante su chantaje. El destino de los que cometen actos terroristas es el mismo, para los que acaban de ser detenidos en Francia y para todos los que se empecinen en mantener su actividad criminal: la cárcel y la muerte civil. Su desesperanza, que los hechos han de convertir en total, es al mismo tiempo nuestra esperanza de que, finalmente, se acabará con ETA y los vascos, y todos los españoles, viviremos en paz y en libertad.

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