La cortina de humo del día antes

EL día antes del Debate sobre el estado de la Nación dos ministras del Gobierno, las de Sanidad e Igualdad, anunciaron a bombo y platillo que en el plazo de tres meses la llamada píldora del día después, que impide el embarazo en las 72 horas posteriores al coito, podrá ser adquirida en las farmacias sin necesidad de receta médica, a un precio asequible y por menores de edad. Al día siguiente del debate, ayer, se filtró desde el Gobierno que inmediatamente se aprobará la reforma de la legislación sobre el aborto implantando la ley de plazos y permitiendo decidir acerca del mismo a las jóvenes embarazadas también menores de dieciocho años. No hace falta ser un lince para deducir que nos encontramos ante nuevas cortinas de humo a las que nos tiene acostumbrados el partido gobernante para desviar la atención de las dificultades que sufre, desde la grave crisis económica hasta la soledad parlamentaria evidenciada precisamente durante el citado debate. Con respecto al aborto, ya dijimos en su día que los supuestos actualmente contemplados por la ley han logrado solucionar el problema de muchas mujeres y gozan del suficiente consenso social y político, lo que hace indeseable una reforma que divide a la sociedad. En cuanto a la píldora poscoital, envía a los adolescentes el mensaje de que no tienen por qué preocuparse de las consecuencias de sus actos, hurta a los médicos el control sobre el uso de un fármaco que puede ser peligroso para la salud, sobre todo si se toma de manera continua, rechaza el papel que los padres han de jugar en la formación de los menores de edad y tira por tierra todas las campañas de educación sexual y a favor de los preservativos como método anticonceptivo más seguro y fiable. Son demasiados aspectos negativos los que acumula esta medida como para aceptar sin más la evidencia de que la píldora es útil para evitar los embarazos no deseados y está recomendada por la Organización Mundial de la Salud y dispensada libremente en más de cuarenta naciones. Está visto que el Gobierno Zapatero es partidario de las fugas hacia adelante cuando emergen los problemas que afectan a todos los ciudadanos y de halagar a los jóvenes en una dirección equivocada, justamente en la dirección contraria a las premisas de la reforma de la educación que el propio Zapatero promete.

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