De la Virgen

Hoy es el día de la Virgen. Creo que no hay ninguna festividad que una tanto a esta patria infeliz

Temas para escribir un artículo los hay para dar y regalar. Y ninguno bueno. Pero hoy es 15 de agosto. Y cada vez que la fecha de la publicación de esta columna coincide con este día no puedo escribir de otra cosa. El motivo es muy sencillo, mi subconsciente y mi consciente me obligan a ello y mis dedos se niegan a teclear sobre otro asunto. Hoy es el día de la Virgen. Creo que no hay ninguna festividad que una tanto a esta patria infeliz que se desangra por sus esquinas y sus alcantarillas. Son miles los pueblos españoles en los que hoy es el día grande del verano y posiblemente del año. Ferias, fiestas y procesiones recorren la piel de España hoy de arriba abajo. Recuerdo un año en el que hice un artículo sobre el mismo tema. Me lo preparé indagando en internet sobre dos cosas: el número de pueblos que celebran hoy esta festividad por todo lo alto y los nombres que la devoción popular ha dado a la Virgen en cada localidad. Naturalmente lo dejé. Fue imposible del todo, miles de pueblos y miles de nombres a cual más sugerente y más hermoso.

Les hablaba del subconsciente. Y es que en mi pueblo natal, a lo largo de mi infancia y adolescencia viví, sentí y respiré año tras año la trascendencia de esta fiesta. El pueblo daba un vuelco total en este día. Desde el amanecer ya recorrían las calles las dianas floreadas que avisaban del día; prolegómeno inútil pues no había un solo vecino que ignorara la fecha que marcaba el calendario. Este día se vestía de forma diferente al resto del verano, íbamos más atildados, más pulcros, estrenábamos ropa, zapatos. Era un día clavado en el equinoccio del verano, justo en la mitad. Y el verano, como el año mismo se dividía en antes de la Virgen y después de la Virgen. Obras, traslados, proyectos, viajes, se fechaban para antes o después de la Virgen. También mi pueblo tuvo una importante emigración en los años cincuenta y sesenta. El día de la Virgen era el día de los retornos y reencuentros. Había quien se hacía cientos o miles de kilómetros para estar en el pueblo el día de la Virgen. Pero no era sólo una efeméride social, la devoción y el amor a la patrona estaban en todas las caras y en todos los corazones. La iglesia reventaba ese día de gente y de la procesión nocturna ni les cuento, sencillamente multitudinaria. Hombres hechos y derechos que apenas pisaban la iglesia durante el año, esa noche cogían una vela e iban acompañando a la Virgen. Y aún siguen. Y es que por una Madre hace uno cualquier cosa. Hasta escribir un artículo políticamente incorrecto. Cosas del amor.

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