Ignacio Martínez

Protocolo

EL presidente de la Junta ha inaugurado en Málaga una tournée por provincias. Pregona una descentralización administrativa para que los problemas de los ciudadanos se resuelvan en el 90% de los casos allí donde se producen. Pero algo ha salido mal. Los alcaldes del PP no acudieron a una recepción improvisada en la Diputación. Habían recibido invitación escrita para una reunión de Griñán con los alcaldes y alcaldesas de la provincia, pero hubo un cambio de planes; el acto se convertía en una presentación del presidente a la sociedad malagueña. Faltó habilidad: lo primero era más importante que lo segundo; la descentralización no debe quedarse en las capitales.

No es el único fallo de esta primera visita oficial. La falta de puntualidad no es uno de los menores: Griñán llegó a esa cita con tres cuartos de hora de retraso. Quizá el error más sutil es que la Junta contribuya a los localismos. Como algo natural, el presidente se hizo acompañar sólo por los consejeros malagueños de Turismo y Cultura. Pero ¿por qué no también por los de Ordenación del Territorio e Innovación? Y, en sentido contrario, resulta chocante la confusión institucional entre PSOE y Junta. En la Delegación del Gobierno andaluz le recibieron cuatro personas: los dos consejeros locales, la delegada de la Junta, ¡y el secretario provincial socialista!, con quienes se reunió brevemente. Esta confusión entre partido y gobierno es lamentable. La presencia en la Junta del secretario Heredia con galones de jefe pone en entredicho los propósitos de Griñán contra el sectarismo.

El actual presidente de la Junta es conocido sólo por el 27,6% de la población, según el Barómetro Joly Andalucía publicado hace dos meses, mientras el presidente del PP Javier Arenas tenía un índice de notoriedad del 94,8%. Una diferencia abismal que la Junta intenta paliar lo antes posible. Organizar recepciones en las que pueda dirigirse a públicos amplios y selectos no es mal camino. Griñán es hombre de buenas maneras y brillante discurso. Pero en las actuales circunstancias económicas y sociales, estos actos sobran. El presidente no necesita que le pongan ocho veces de largo. El protocolo debería afinar estos detalles en el futuro.

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