Gafas de cerca

José Ignacio Rufino

jirufino@grupojoly.com

Pasión por lo gratis

"Nos ponemos bravíos y ansiosos ante las cosas que se nos ofrecen de balde"

Pocas cosas hay menos atractivas para un lector de periódicos que un artículo que promete una serie; pongamos por ejemplo, La cuestión catalana (I)': "Uf, quién sabe si veré la (II)". No digamos si el primero en llegar a tus ojos es ya ese (II). Pero hay veces en que puede ser pertinente estirar un tema en más de una pieza. La semana pasada escribimos aquí sobre las cenas navideñas entre viejos colegiales, matrimonios afectos o departamentos de empresa. Sobre la desmultiplicación de los panes y los peces -deseconomías de escala, las llamamos con prosopopeya-; esos menús que debían ser más opíparos por ser muchos los comensales y fácil la planificación de la cocina en menú carne o pescado, pero que resultaban ser peores que si dedicáramos ese mismo dinero a almorzar a solas ya un doce de enero.

Jean me hizo ver un dato que desmonta en parte tal teoría sobre el menú prenavideño. Jean gestiona las operaciones de un catering, un restaurante y una cafetería, y sabe de esto. Además, saca tiempo para leer periódicos y cuidar a clientes hechos amigos. "Tacho, hay un elemento muy importante que no has considerado antes de sorprenderte con las deseconomías esas: que la gente en general, con un precio cerrado, bebe cerveza y tinto como si fuera la última vez. Piden y trasiegan con un ansia y un desafuero dignos de observación científica. Y claro, eso hay que valorarlo en el escandallo".

Tiene razón Jean, y su constatación nos lleva a otro rasgo muy nuestro: la pasión por el balde, el impulso primario por hartarse, hasta sin ganas, siempre que la cosa sea gratis. Se daba tal pasión cuando repartían periódicos gratuitos. Gente que no tenía la costumbre de leer más allá de los prospectos de medicamentos sentados en el trono cogía varios de buena mañana, y los paseaban hasta una papelera, e incluso ojeaban la portada. Qué decir de las barras libres en las bodas, que acaban emporcadas de combinados abandonados a la mitad. Se da en las ferias promocionales y otros actos: algunos a cámara lenta pareceríamos émulos de los atletas de Carros de fuego llegando a la cinta, con la música de Vangelis dando intensidad a la caza de la croqueta o morcilla, que el galeote del gratis desdeñaría en casa. Como esos que utilizan todas las toallas posibles en el hotel, mientras que en el hogar se apañan con la misma una buena temporada, sin remilgo de marqués. La paradoja está desvelada: si te cierro un precio con pirriaque y birra a discreción, debo considerar la defensa ante el abuso. Gracias, Jean, por abrirme los ojos.

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