Palabra en el tiempo

Alejandro V. García

Nuevo tiempo

LA victoria de Zapatero ("clara" recalcan muchas crónicas, no se sabe si para sugerir la diferencia de votos o para cerrar el paso a cualquier tentativa de montar una nueva teoría de la duda) ha debido liquidar cuatro años de asperezas, convulsiones, embustes y juego sucio. ¿Lo conseguirá? Zapatero, desde el balcón de la sede de Ferraz, proclamó con solemnidad, en su primera intervención, que había terminado el periodo de la crispación. A esa hora, en la sede del PP, la hinchada contraria gritaba convencida: "¡Zapatero, dimisión!". Unas horas antes, un diario nacional de tendencia derechista había destacado en su páginaweb la opinión de un colaborador que, bajo el título Queremos saber, exigía aclaraciones sobre quién estaba detrás del asesinato de Isaías Carrasco y se preguntaba, lo juro, por qué Rubalcaba "retenía" datos sobre los terroristas. Quiero creer que eran los últimos residuos (o la inercia de una sospecha largamente cocida en bilis) de una legislatura en la que han circulado todo tipo de delirios.

En buena lógica, la táctica del desgaste a cualquier precio ha terminado, y con ella la confianza de sus propaladores. El PP debe, además, examinar la pertinencia de mantener a sus líderes. Los resultados electorales no dejan otra salida. La derrota del PP, prácticamente por el mismo número de votos que hace cuatro años, supone un fracaso del catastrofismo sobre la ruptura de España o de la mano blanda de Zapatero con los terroristas que Rajoy y sus colaboradores han repetido hasta la saciedad. Los socialistas han vuelto a ganar, como en 2004, con absoluta claridad, y han abierto una nueva etapa.

Las elecciones de 2004 quedan muy lejos: ahora, el Gobierno y la oposición son producto de una renovada voluntad del electorado. Sería bueno quemar las naves sobre las que se han surcado las aguas turbulentas de la legislatura y botar nuevas para cruzar la próxima.

Por supuesto, el PSOE debe renunciar a las aventuras más dislocadas que emprendió en su primera etapa de gobierno, en particular la de los estatutos. La lección del terrorismo también está aprendida. La solución policial y la judicial son las únicas que cabe alentar una vez fracasada la negociación. ETA está prácticamente destruida y solo falta que los dos principales partidos hagan un frente común para que las energías no se malgasten.

Todos los asuntos preferentes que ayer enumeró Zapatero para abordar en la legislatura requieren acuerdo: economía y empleo para salvar la recesión mundial, pero también la renovación del Consejo del Poder Judicial y del Tribunal Constitucional. Ya no vale la estrategia de alargar la crisis esperando un cambio en las urnas.

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