Música oficial del Paraíso (y III)

HOY sábado día 8 de diciembre (Día de la Inmaculada) tendrá lugar a las 20.30 horas en el Auditorio de la Casa Colón un nuevo Concierto-Espectáculo de la Orquesta Sinfónica de Huelva que bajo el título de 'Música Oficial del Paraíso' ofrecerá al público onubense un programa muy especial que contará con la intervención de solistas, rapsoda, ballet y el debut del recientemente creado Coro Infantil de Huelva.

En estos últimos días he creído conveniente la publicación de una serie de artículos cuyo objetivo no es otro que divulgar los aspectos más relevantes del mismo desde mi perspectiva como director titular y artístico de la orquesta, en lo que se refiere a las obras a interpretar y a los detalles más interesantes que puedan ser de interés para el público.

Tras la interpretación del Concierto para Flauta y Arpa de Mozart en Do Mayor K. 299 y de mi obra para Rapsoda, Ballet y Orquesta Sinfónica titulada 'Versos Sencillos', de las que ya hablé en artículos anteriores, finalizará la primera parte.

La segunda estará ocupada en su mayor parte con la interpretación de la obra más representativa de la Música Sinfónica de todos los tiempos; me estoy refiriendo, como no, a la famosísima Sinfonía nº 5 en Do menor de Ludwig Van Beethoven.

Una obra musical no es un conjunto de sonidos más o menos bellos que aparecen por aquí y por allá de forma caprichosa; toda obra maestra que se precie responde a un armazón bien establecido y organizado que, al igual que una gran catedral, posibilita que la misma se sustente sobre la base de una estructura sólida y estable intelectualmente concebida. El diseño de esta estructura requiere del compositor no sólo unos inmensos conocimientos musicales y humanísticos, sino además muchas semanas de trabajo que, en el caso de Beethoven, a veces se pueden convertir en años.

Pues bien, la obra que nos trata pudiera ser considerada como un gran monumento a la Estructura Arquitectónica Musical, ya que toda su belleza no radica tanto en sus melodías, armonías o colores instrumentales, como en el poder intelectual de su esquema composicional.

Y es que la Sinfonía nº 5 de Beethoven, a pesar de durar más de 40 minutos, está construida sobre la base de un motivo rítmico de lo más sencillo, cual es: tres puntos y una ralla (. . . _). Es la famosa "llamada del destino" que algunos autores han creído encontrar tras de sí.

Esta célula rítmica actúa como Leiv Motiv durante los cuatro movimientos de los que consta esta colosal sinfonía, célula que por cierto fue utilizada en la segunda guerra mundial para pregonar la victoria (En el Alfabeto Morse los tres puntos y una ralla ..._ significan "V" de "Victoria").

Sólo una mente prodigiosa, como lo fue la de Beethoven, es capaz de crear una obra de tales magnitudes utilizando solamente unos elementos tan simples y rudimentarios; imagínense un autor que escribiera un libro de 300 páginas sólo con cuatro palabras y que además lejos de ser aburrido fuera considerado uno de los mejores libros de la historia. Esto es lo que hizo Beethoven con su Quinta Sinfonía.

Mucho se ha hablado de la sordera de Beethoven. No es cierto que el genio alemán naciera sordo; la sordera le fue sobrevenida en su edad adulta, pero en cualquier caso en nada le impidió continuar con su labor creativa. Aunque él nunca oyera con sus oídos muchas de sus obras, sí pudo escucharlas con su mente. Y es que los músicos de gran formación y talentos poseen la capacidad de oír música en su cerebro sólo con mirar una partitura sin necesidad de escucharla con sus oídos.

Por todo lo dicho hasta ahora, la Sinfonía nº 5 de Beethoven merece también un lugar de privilegio en el Paraíso, y es que por muchas vueltas que uno pueda darle, esta creación no puede ser humana sino Obra Maestra de Dios que constantemente nos da generosas señales de su existencia, ante la estupidez y soberbia humana que casi siempre nos impide verla.

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