Estímulos para la salvar la economía

EL Banco Central Europeo (BCE), en su último análisis de coyuntura económica, y al calor de los buenos resultados que han arrojado los PIB de Francia y Alemania, que parecen salir, aunque de forma leve, de la situación de recesión global que padece el mundo occidental desde hace algo más de un año, ha hecho hincapié en la necesidad de que los distintos gobiernos continentales vayan explorando fórmulas para dejar de estimular con diferentes programas presupuestarios la actividad de sus respectivos países. Sostiene la autoridad monetaria europea que estos planes de choque están permitiendo en algunos sitios que la economía se reactive -en los casos citados: Francia y Alemania; también en el de Portugal, nuestro vecino más próximo- y en otros hacen que la caída de los índices económicos sea menos pronunciada. Sin embargo, una vez se despeje del todo la incógnita sobre la envergadura de la recesión -que en unos países será distinta a otros- resulta necesario dejar estas muletas, so riesgo de volver a desestabilizar la situación como consecuencia de la espiral deficitaria que padecerán -si no lo hacen ya- las haciendas públicas. El BCE admite que es lógico que en tiempos duros se hagan esfuerzos dirigidos a reactivar y a impedir que se detengan los motores productivos, pero pone un límite: unos niveles de deuda pública acordes con la moneda única y con su objetivo principal, que no es sino luchar contra la inflación. En el caso de España esta recomendación va a resultar muy complicada de cumplir, salvo una nueva subida de la presión fiscal. Al no haber respondido aún a los estímulos estatales, la economía española está viendo cómo crece el déficit sin que el paro -su auténtico talón de Aquiles- y las necesarias exportaciones mejoren. España corre pues el riesgo de que el paciente quede inmune ante los estímulos diseñados para volver a poner en marcha su corazón económico. La burbuja inmobiliaria, la caída del consumo y el desempleo son, según los analistas, los motivos ciertos de nuestro perfil económico diferencial con Europa. Lo que explica que el sendero para salir de esta crisis se adivine largo y tortuoso. Un camino bastante incierto para España.

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