Jaime / Madruga

Descolocados

SI visita, amigo lector, la iglesia de la Concepción en nuestra ciudad, salvo que quiera venerar a una imagen de su especial predilección, le recomiendo un punto del templo desde el que podrá visualizar prácticamente cada una de ellas en sus respectivas localizaciones. Acceda por Méndez Núñez, sitúese junto al primer pilar a su derecha y vaya girando 360º: podrá verlas y dirigirse a casi todas porque ningún obstáculo se le opondrá; solo alguna le resultará imposible desde cualquier posición, salvo que se plante a sus pies. Una recomendación que le formulo como resultado de una intencionada búsqueda y observación, método que habitualmente trato de aplicar para encontrar la realidad y el sentido de las cosas en general. Le diré que, siguiéndolo, en la Concepción he logrado 'colocarme' en el punto idóneo.

Algo distinto, sin embargo, me viene sucediendo con esas otras mil cosas del mundo y la sociedad ante las que, con demasiada frecuencia, me da la impresión de que los obstáculos se multiplican, los pilares se mueven y se interponen de manera que, mires hacia donde mires, te impiden ver y comprender. Y si solo me sucediese a mí quizá la cosa tendría fácil solución: reflexión, cambio de actitudes, o directamente al psicólogo. Lo que ocurre es que, desde hace tiempo, hay ya mucha gente así, claramente 'descolocada'. Y cada día más: más gente y más descolocada. Que no entiende nada de nada de lo que pasa en determinadas parcelas de la sociedad, del mundo del trabajo, de la Administración, de la justicia, de la política, de los medios, de la ética y de la estética. Les sucede, ante situaciones de cualquier ámbito vital o territorial, por más que pongan toda la buena voluntad en tratar de comprender las razones o los motivos de determinadas posturas, declaraciones y silencios, de acuerdos o desacuerdos. No entienden casi nada porque: muchas de las posturas y actitudes se aprecian claramente interesadas; bastantes de las informaciones, declaraciones y silencios falsos, deformados o tergiversados; imposibles los acuerdos; y absurdos los desacuerdos.

"Por si os resulta de utilidad - me dice un amigo en uno de esos e-mails que tanto circulan - os informo que, después de llevar meses buscando, he logrado encontrar un nuevo fármaco antidepresivo que me está ayudando a entender mejor las cosas y estar más relajado; ya no me altero tan fácilmente". Al final, resulta que el fármaco en cuestión es simplemente 'pasar' de todo o casi todo: un burdo e irresponsable remedio casero al 'descoloque' que tan peligrosamente nos está invadiendo, y al que sin duda deberíamos poner freno.

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