DESDE el año 2003 creo en la Copa. Antes miraba con recelo la segunda competición doméstica, que entendía que era un auténtico engorro para la mayoría de los equipos implicados en ella, mucho más para conjuntos como el propio Recreativo, tan cortito generalmente de recursos humanos si lo comparamos con otros protagonistas.

Pero desde ese año 2003 mi opinión de la Copa del Rey es diferente. Valoro enormemente este torneo, y sólo el recuerdo de aquella noche imborrable de Elche me hace pensar que merece la penaý aunque el coste en la Liga pueda ser alto.

La Copa ha sido un agravante o un atenuante para la cotidaniedad liguera. Para aquellos equipos que no marchan bien en la competición de la regularidad, sus apariciones en la del K.O. pueden agravar su situación o, por el contrario, ser un bálsamo eficaz para restañar sus heridas de la Liga. Eso lo vivimos en Huelva en 2003, cuando el Recre de entonces, envalentonado conforme pasaba eliminatorias coperas, sumaba y sumaba en la Liga y se acercaba al sueño planteado en su momento que no era otro que la permanencia.

Nadie me puede negar que buena parte de las esperanzas que creó el Recre por salvarse aquel año se generaron en su impecable caminar por la Copa del Rey, que tuvieron su colofón con la disputa de su primera final copera en los muchísimos años de historia del club de fútbol con más historia del país.

Aunque el desenlace de todo ya se sabe que fue descenso y derrota ante el Mallorca, todavía hay personas que reconocen que aquella noche de Elche fue lo más emotivo que vivió como recreativista. Sólo ese partido ya mereció la pena, aunque Eto'o no quisiera que tuviera un final feliz para el Recre.

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