La verdad es plural

Marisa Fernández / Serrat

¡Allá ellos!

Seguramente la lengua es el más potente instrumento de unión porque sin ella no cabe el entendimiento entre los pueblos, ni tiene ninguna posibilidad de éxito la comprensión entre las personas. La lengua es la esencia de una historia y de una cultura propia.

Vengo dándole vueltas a estas ideas desde que supe que la Ley de Educación Catalana, aprobada por mayoría en el Parlamento de la Generalitat el pasado mes de julio, consagra el catalán como la lengua oficial en el sistema educativo, esquivando las horas que hasta ahora se impartían en castellano. O sea, preservar su lengua para salvaguardar su cultura, y parece ser que a cualquier precio.

No se han hecho esperar las denuncias acusando a la citada ley de anticonstitucional, a Montilla de andaluz traidor y a los catalanes, en general, de separatistas. Entiendo y comparto casi todas las razones esgrimidas en contra de que el catalán sea lengua vehicular en la escuela; es justo que los padres sean quienes elijan en qué lengua deben ser educados sus hijos, y concibo como de justicia social que sean tenidos en cuenta los niños y niñas procedentes de otras comunidades o países. El atender a la diversidad significa educar teniendo en cuenta las diferencias que se dan en razón de la capacidad física o mental o del ambiente familiar del que se procede o de la lengua en que se haya sido educado…

Sin embargo, no creo que esta medida de la ley catalana pueda de alguna manera dañar nuestro idioma español. No entiendo muy bien esas proclamas de adhesión a la lengua por parte de grupos tan insolidarios en otras cuestiones, ni comprendo cómo llega a causar preocupación en el resto de España si, por lo que nos cuentan, en Cataluña no hay problema alguno.

No cabe temer el retroceso del castellano en estos momentos, siendo la cuarta lengua más hablada en el planeta en términos demográficos, conociendo que superamos la cifra de 450 millones los hispanoparlantes y que, a nivel mundial, nuestro idioma no deja de interesar y ganar adeptos. Desde África, América Latina o EEUU se viene reclamando mayor formación en español. Concretamente, en Brasil, donde el español es materia de oferta obligatoria en la Enseñanza Secundaria, también lo será en Primaria a partir del próximo curso. En Filipinas, acaba de introducirse el español en los planes de estudio como asignatura obligatoria y ya se está formando al profesorado que deberá impartirla. En fin, no puede decirse que el español entre en peligro de extinción, muy al contrario, está en auge ¿Qué es entonces lo que preocupa en nuestro país? ¿No será el problema de los catalanes cuando no encuentren ni en España ni en los países de Europa o de América a un taxista o recepcionista de hotel que les hable en catalán?

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