santiago hierro

Otro año que se nos va y otro ocupa su lugar

Se nos está escapando por el foro el año 2017, saliéndose por tanto del calendario.

Se han ido quedando atrás, en todo el discurrir, de este ya caduco año, un buen número de aconteceres, de prolijos hechos y sucesos, convertidos y rayando en desastres de la mayor importancia, siendo los de mayores peligros, con el protagonismo el fuego y el agua, como inductores, los incendios y los torrenciales de lluvia, que han ido agravando y perjudicando campos de labranzas y ciudades.

Al igual que estas hecatombes producidas, no ha llegado a ser el siniestro principal, puesto que ha ido tomando posesión, la sequía mayor del siglo, con todas las agravantes y consiguientes pérdidas, pero que verdades, que una desgracia nunca viene sola y para ello en este caso, nos sobrevino la que ya anotamos, que acaecieron con la misma.

Pero las adversidades dejan de actuar en ciertos momentos, porque no hay males que cien años duren y llega la calma y la vida sigue su curso. Esperemos por tanto, aventuradas y prósperas acciones laborales y educativas, que nos satisfaga, mientras colaboremos con nuestra voluntad y deseo, puesto que el que bien sabe, la suerte le place.

Ya tenemos casi encima el nuevo año 2018, que ya está aporreando las puertas de su nueva posesión, parece ser que trae prisa para empezar su singladura. ¿Qué nos traerá?

Lo primero es seguir viviendo y que la salud nos sea una fiel compañera y que nosotros pongamos con la mayor voluntad de nuestra parte y el desear que nos envuelva, el amor y la esperanza y ayudar a nuestros congéneres más necesitados, con lo que nuestros bolsillos lo permitan.

Ya estamos gozando de la Navidad, bendita palabra que endulza los labios al pronunciarla, que nos deja la mayor satisfacción de placenteros momentos con la familia en amenas reuniones, en donde reina el cariño mutuo y la hermandad cristiana.

¡Sonad campanas sonad!, con el mayor arrebato, para que los sones, se extiendan ¡por todos los confines de la tierra y deje una aureola de dicha y bienestar, reseñadora y espiritual, que podamos limpiar las impurezas de este mundo y sanemos nuestros corazones y nuestras almas; que Dios nuestro juez eterno nos bendiga si lo merecemos, desde la inmensidad de su gloria.

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