Análisis

José Ángel González

El amor por el Recre lo puede todo, o no

Cuidado, los mejores romances clásicos acabaron en tragedia. No tentemos a la suerte

El sufrimiento tiene siempre un límite. No es admisible que la angustia esté siempre presente en nuestros quehaceres diarios. Las relaciones que no generan felicidad acaban rompiéndose por muy fuertes que sean las ataduras. Los amores más inquebrantables se quiebran cuando la agonía empaña la sonrisa. Las decepciones hacen caer mitos y las desilusiones, héroes. El trabajo se convierte en castigo cuando no hay expectativas de futuro. Y las aficiones se mudan del amor al odio cuando se convierten en cadenas pesadas que nos impiden ser libres. Es entonces, cuando llega alguna de estas sensaciones a nuestras vidas, cuando huimos en busca de nuevos caminos que nos reporten un poco de felicidad.

¡Felicidad!, esa sensación tan olvidada últimamente entre los recreativistas, que están en un punto en que ya sienten una victoria o un gol del Decano como un alivio a su desazón más que como un motivo de algarabía. Hasta aquí nos ha traído el club albiazul. Y se ha hecho a golpe de error y desapego, eliminando poco a poco sus símbolos y señas de identidad.

Sin embargo, no es cosa de onubenses, y menos de recreativistas, rendirse. Este pueblo que se lanzó a cruzar el mar tenebroso tras el Finisterre es capaz de aguantar un envite más por su Decano. Y aprieta los dientes y tira para adelante por el legado que nos dejaron nuestros antepasados.

Estoy convencido de que este amor insano que hoy nos ata al Recre no sería posible sin el peso de la historia. Hoy por hoy, con relaciones fluctuantes y egoístas a nuestro alrededor, es muy difícil entender el romance que Huelva y el Decano tienen aún en los peores momentos. Y el domingo volveremos a verlo. Pero cuidado, los mejores romances clásicos acabaron en tragedia. No tentemos a la suerte ni olvidemos que nadie ama eternamente si no es correspondido. Que nunca viene mal un poco de cariño para los recreativistas; que creo que lo merecen, un poco.

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