Entre túnicas

mª carmen córdoba gómez

Viernes distinto

Es el día en que una procesión infantil sale a la calle, una cofradía en pequeñito

Vamos quitando las hojas del calendario rápidamente, y nos damos cuenta que ya estamos a Viernes de Dolores, preludio de la Semana Santa, antesala de unos días que trataremos de vivir plenamente como cristianos. Fue el papa Benedicto XIII en 1727 quien estableció los Siete Dolores de la Virgen María el sexto viernes de Cuaresma: la profecía de Simeón, la dureza de la huida a Egipto, la ansiedad por el Niño perdido, el sufrimiento de la calle de la Amargura, la angustia por la Crucifixión y la Sepultura. Es el día para recordar como una "espada de dolor traspasó a María", inmenso dolor de la Madre de Dios, donde se conmemora su sufrimiento. Un Viernes distinto, que se convierte en mariano, perfumado de incienso, para consolar y acompañar a una Dolorosa, Nuestra Señora de los Dolores, que lleva bajo su manto esos cincuenta años de hermandad junto a su barrio de las Colonias, y que verá su reconocimiento el próximo 15 de septiembre con la concesión de la Medalla de la Ciudad. Y, al mismo tiempo, es también el día en que una procesión infantil sale a la calle, una cofradía en pequeñito, se organiza y recorre las calles desde el Colegio María Inmaculada desde hace unos años, dando ejemplo y sin faltar detalle. Se conjugan un mismo día, las sonrisas de esos pequeños, las caras de felicidad, el cosquilleo, la emoción, la inocencia, su ingenuidad, alegría, entusiasmo, que recuerdan la cara del pequeño Gabriel, que contrasta con de dolor de una madre, de su sufrimiento ante tan injusto dolor. No podemos mostrarnos indiferentes a todo lo que pasa a nuestro alrededor, no podemos ponernos una coraza para que no nos duela, y ver lo que sólo queremos ver. En estos tiempos tan complicados, con acontecimientos inexplicables, que rompen el alma, debemos abrir nuestro corazón a los que más nos necesitan.

Sí, quiero pensar en un viernes distinto, donde no sea una utopía la búsqueda de un mundo mejor; donde esta sociedad que está enferma, porque necesita de valores urgentes de humanidad, compasión, generosidad y solidaridad, encuentre el camino correcto, y para ello, son necesarios cambios de actitudes para poder combatir este mal endémico que es la falta de amor. Sí, quiero pensar en un viernes distinto, donde brille la Primavera, donde expresemos nuestros sentimientos, donde vivamos nuestra Semana Santa con sus propios matices históricos y estéticos, con un olor, una personalidad y una idiosincrasia propios, con una nueva experiencia, una vivencia distinta, un nuevo sentir, con distintas emociones, donde podamos vivir una Semana de Pasión plena, empezando por el Domingo de Ramos entre palmas, feliz de saber que un Rosario de Amor llenará la ciudad y que una paloma de la Paz con su manto blanco se hará presente en este mundo que tanta falta hace. Paso a paso, contemplando cada momento, sintiéndonos partícipes, con la esperanza que no todo termina, participando en los oficios del Jueves y Viernes Santo, conmemorando la Última Cena y el lavatorio de los pies, que representa el gesto de humildad y de servicio a los demás de Jesús, y haciendo Adoración a la Cruz, a la que estamos dispuestos a aceptar, para llegar a la Vigilia Pascual, y culminar con la vuelta a la vida, a la esperanza, a admirar la generosidad infinita de una Madre que entregó a su Hijo por Amor.

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