Entre túnicas

M. CARMEN CÓRDOBA

Portadoras del Señor

La mujer ha estado en las cofradías como transmisora de la tradición y la fe

Ayer 8 de marzo fue el Día Internacional de la Mujer, un movimiento mundial por los derechos, la igualdad y la justicia de las mujeres, que ha acaparado todas las noticias y tanto ha dado que hablar estos días con huelga sí, o paros convocados, donde se debería analizar la necesidad de cómo erradicar esa discriminación y violencia machista latente, que niega su libertad, dignidad e integridad y que vivimos todos los días, consiguiendo un futuro equitativo en todos los entornos.

A lo largo de la historia, la mujer ha luchado por tener una participación igualitaria y ecuánime en la sociedad, buscando paridad, una participación equilibrada en todas las esferas de la vida. Sin embargo, no ha sido así a lo largo de los siglos, siendo vilipendiada, a veces, viéndose obligadas a dejar sus estudios para poder mantener sus hogares, dedicándose al cuido de sus familiares, a duros trabajos para seguir adelante, y, es la que ha llevado y lleva, el peso del trabajo doméstico. No obstante, hoy en día, existe una concienciación y sensibilización, tan necesarias, para hacer realidad esa equidad tan buscada.

Si analizamos la participación de la mujer en nuestro contexto cofrade, también ha estado sujeta a la propia evolución histórica y social de los tiempos. Pero, siempre ha estado ahí, haciéndonos partícipes de un mundo lleno de sentimientos, siendo portadoras y transmisoras de nuestras tradiciones y de nuestra fe. Ha sido y sigue siendo parte indispensable en la edificación de la Iglesia y en la sociedad en general, y como dice el Papa Francisco "la mujer es la que da armonía y sentido al mundo". Con paciencia, humildad, sencillez, sin quejarse, con entrega y amor, con una labor silenciosa, casi olvidadas, han ido colándose poco a poco como por una pequeña ranura, en las juntas de gobierno, en las bandas de música, en los cuerpos de acólitos y en otros ámbitos cofrades; sin embargo, aún son minoritarias, y aunque algunos no lo reconozcan, no hay paridad, y siguen existiendo presiones y prejuicios sociales.

Por todo ello, desde aquí, quiero destacar la labor de un grupo de mujeres, la cuadrilla del Cristo Yacente del Santo Entierro, 34 corazones bajo su paso. Algunas viniendo de lejos, con gran esfuerzo, otras en estado de buena esperanza y madres que no podrán estar. Y, al frente, su capataz, Sara Vergel, valiente y capaz, con ese sentido del deber y compromiso, con la gran responsabilidad que conlleva, y siendo mirada con lupa y recelo por muchos. Su primera igualá y ensayo para algunas, desde el almacén al lado de la iglesia del Corazón de Jesús, nerviosas, expectantes, nuevas experiencias, y no es la fuerza lo que las une, ni mucho menos, es corazón y amor lo que ponen. Sí, hace quince años la mujer en el mundo cofrade, dio un paso más en la Semana Santa de Huelva. En el año 2004 comenzaba esta aventura que aún perdura, que, para que no se quedase el paso en el templo, algo impensable para algunos, se echaron palante. Fue un reto, una realidad, que han conseguido normalizar, poniendo ilusión y sentimiento. Silencio sí, para los que no lo creyeron posible, silencio de un Cristo Yacente, recogimiento y sobriedad con paso firme.

Y, este Viernes Santo, Dios mediante, con templanza y humildad, otra vez estas mujeres, qué honor, serán portadoras del Señor por las calles de la ciudad.

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