El traje de luces

Del valiente grana al amarillo gafe

  • Cada torero tiene unos colores predilectos que, en gran medida y según especialistas, están en función de sus personalidades y hasta de sus estados de ánimo

El diseño del traje de luces tiene como finalidad resaltar el canon atlético del torero. Sin duda, en la liturgia del toreo, la decisión de un color u otro en el vestido es sumamente importante para cada diestro. Los especialistas dicen que el hombre experimenta efectos psicológicos ante los colores, hasta el punto de que se ha comprobado que el ambiente azul es sedante y el rojo estimulante. Charles Henry afirmó que "los colores despiertan la sensación de placer o de obstáculo". El torero, como ser humano, no es ajeno a ello, y en la elección del color de cada traje incide, en gran medida, su estado de ánimo. La gama es amplísima y va desde el blanco al negro y del rojo al amarillo; si bien los más utilizados son rojo, verde y azul, en distintas tonalidades. Entre los rojizos nos encontramos, entre otros, con amaranto, burdeos, caldero, cardenal, rubí o sangre de toro. El verde, en varias de sus tonalidades, fue muy empleado por Lagartijo, quien de verde manzana aparece en el cuadro Las Cuadrillas, de Vázquez Díaz. Otros verdes habituales son botella, hoja, esmeralda, esperanza, oliva o pistacho. Entre los azules, los toreros visten el azafata, azulina, celeste o purísima, marino, noche, pavo real, prusia, turquesa, turquí, rey y ultramar. El rosa, que tiene como significado lo agradable y halagüeño, fue uno de los colores predilectos de Manolete; de ese color era el terno que vestía en la trágica tarde Linares. En fechas más recientes se lo hemos visto con frecuencia a Antoñete y a José Tomás.

Otros colores colores muy utilizados son: aguamarina, añil, barquillo, canela, caña, perla, plomo, salmón, tabaco y violeta.

Dentro de toda la variedad hay colores que tienen un significado especial para los taurinos. Así, el grana es el color de la valentía, asociado a la sangre. A lo largo de la historia lo han vestido los toreros más importantes, incluido Gallito, quien iba de grana y oro el 16 de mayo de 1920 cuando fue corneado mortalmente en Talavera de la Reina. De este color existe otra anécdota de carácter trágico, que tiene como protagonista a los hermanos Fabrilo. Julio Aparici Fabrilo vestía un terno de grana y oro cuando fue corneado mortalmente el 27 de mayo de 1897, por el toro Lengüeto. Su hermano Paco, de novillero, lo vistió dos años más tarde y murió también en el ruedo a causa de las cornadas inferidas por el toro Corucho.

En el polo opuesto se encuentra el amarillo. La mayoría de toreros lo evitan siguiendo una tradición que proviene del teatro: Molière se indispuso y falleció en una representación de su obra El enfermo imaginario estando vestido de amarillo. Desde entonces, en el mundo del teatro y, posteriormente, de la tauromaquia, ha sido un color tabú en la indumentaria. El diestro mexicano Alberto Balderas vestía de amarillo y plata cuando fue corneado mortalmente en La México el 29 de diciembre de 1940. En época más reciente lo han utilizado los hermanos Luis Francisco y Juan Antonio Esplá; y en la temporada de 1994 también lo vistió Jesús Janeiro Jesulín de Ubrique, lo que para algunos compañeros supersticiosos supuso una provocación.

El cromatismo de los vestidos de torear, además de referente estético, es una característica ligada a la personalidad del torero que elige por ello un color determinado. Del grana al amarillo, de la tradición al desafío de algunos toreros a la superstición, el traje de luces y sus colores, son un arco iris que se refleja desde el albero y forman parte de la liturgia taurina.

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