"El sentimiento de culpa reside en el nacimiento de la individualidad"

  • El escritor publica su segunda novela, 'La noche hambrienta', un 'thriller' psicológico

"Hoy en día -confiesa Rafael Balanzá, al poco de empezar la charla-, a los autores se nos convierte un poquito en verduleras, se siente uno como vendiendo las bondades de su libro en el puesto del mercado".

Y eso que es un libro, que son libros -tanto La noche hambrienta (Siruela) como su antecesor, Los asesinos lentos, Premio Café Gijón de Novela- no sólo cuidados, sino muy queridos. Ambos surgieron de un proceso creativo casi paralelo, aunque esta última sea una criatura mucho más oscura, más abisal -de ahí el símil continuo con las profundidades oceánicas-. "Por eso, por ejemplo, los dos principales protagonistas conversan en el batiscafo -cuenta Balanzá-. Es un poco surrealista pero entra dentro de esa categoría de lo extraño que fue denominador común del expresionismo y el surrealismo, los movimientos que dieron las narraciones más interesantes del siglo XX".

La noche hambrienta relata, en efecto, la historia de un inevitable descenso interior. "Su clásico tutelar -comenta su autor- sería el descenso a los infiernos de La divina comedia. Al final, por supuesto, sólo hay tres soluciones posibles: la redención, la condena o que todo se quede igual. Y creo que la que más convenía en esta ocasión era una especie de purgatorio".

La plomada que va marcando el descenso no es otra que la culpa: "La culpa -nos enseña Rafael Balanzá en La noche hambrienta- tiene siempre los ojos abiertos". Es fascinante, el complejo de culpabilidad. Una vez aparece, no para de hostigarte, no cesa en su afán de arrinconarte y morderte los tobillos, como decían los griegos que hacían las Erinias, por ejemplo: "Es lo que explicaba Horkheimer, sobre la continuidad entre el mito y el logos, que no hay una distinción clara entre un plano racional y mítico: el logos es el desarrollo del mito", explica Balanzá.

"La culpa -continúa el escritor- tiene mucho que ver con el surgimiento del individuo y la libertad individual. Está en la base de toda la filosofía existencialista en el sentido amplio del término. Es un tema para mí no resuelto, e intento hacer preguntas lo más limpias posibles al respecto en medio de la complejidad de la novela. Para mí, el proyecto ilustrado habría fracasado en este sentido, en el de crear una ética universal".

"Así, Beltrán, el protagonista, podría representar al hombre occidental -prosigue-. Podríamos decir que estamos asistiendo al fin del proceso ilustrado europeo. Y, si no hemos sido capaz de encontrar las respuestas fuera, habrá que buscarlas dentro. De hecho, dentro del pesimismo general, suelo esperar más de mí mismo que de los demás, y creo que eso le pasa a todo el mundo. Los modelos de la izquierda ya vemos cómo están. Yo no sé si habrá alguna reformulación pero se puede esperar poco y hay que bucear en uno mismo".

Como buen recorrido infernal, tiene La noche hambrienta mucho de sugerencia onírica, de realidades fundidas y de perturbadores espejismos: "Hay un montón de precedentes en la literatura del siglo XX -indica Balanzá-. Así, a bote pronto, se me ocurren El gabinete del Dr. Caligari o un montón de relatos de Julio Cortázar. La noche hambrienta es un thriller psicológico, muy en la línea de lo que podría ser el cine de Hitchcock o el de David Lynch. Discurrimos entre esa evanescente frontera entre realidad y fantasía, aunque en esta historia sí que se llega a una cierta definición entre lo que es una distinción racional y lo que no".

"De todas formas -continúa el escritor-, la novela tiene una estructura más de género y menos de parábola metafísica, pero nada un poco entre dos aguas. La parte de entretenimiento queda satisfecha, creo, con la explicación final de la doctora, que le da cierta vigencia a la historia. En este sentido, creo que, psicológicamente, sí que es una historia verosímil: el protagonista ha cometido un error de juventud y logra sobrevivir mirando para otro lado, hasta que un momento de crisis en su vida le hace pensar que, en realidad, está pagando por ello, que merece ese castigo".

"En mis novelas -apunta-, pesa mucho lo artístico por encima de lo que puedan tener de entretenimiento. Tal vez haya referencias de alto nivel pero creo que, en cierto sentido, son como poemas, al igual que eran como poemas las novelas de Kafka".

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