Antes de 'El secreto de sus ojos'

  • Alfaguara reedita la novela de Eduardo Sacheri que inspiró la película de Campanella, publicada en 2005 en Argentina, su país, con el título de 'La pregunta de sus ojos'

"Yo tengo muy claro -dice Eduardo Sacheri- que soy escritor. En esto del cine y la repercusión mediática me considero un invitado, así que dentro de un tiempito volveré a mi normalidad, dar algunas clases, escribir por las tardes, ése es mi mundo". Sacheri es autor de La pregunta de sus ojos, la novela que inspiró El secreto de sus ojos, una de las películas más exitosas del reciente cine argentino, de la que es también guionista. "No quería toparme en el estreno con algo que no tuviera nada que ver conmigo, así que de no haber podido tener esa implicación, no me hubiera animado", dice este autor muy conocido en Argentina sobre todo por sus cuentos (son célebres allí los relacionados con el mundo del fútbol, que incluso se leen en las radios).

Una tarde, paseando, Juan José Campanella, el director del filme, vio un libro en un escaparate. Era Te conozco, Mendizábal, uno de los tres volúmenes de relatos de Sacheri. "Le gustó el título y más tarde, afortunadamente, también el contenido, así que se convirtió en un lector fiel de mis cosas", recuerda el escritor, a quien siempre le interesó de Campanella su mezcla de drama y "atmósferas amenas". Ahora ambos son amigos, y el autor, también profesor de Historia en la Universidad de Buenos Aires, vive con "sorpresa" el hecho de que "tantas buenas noticias se sigan acumulando".

Pasados ya los Goya, donde El secreto de sus ojos recibió dos premios (mejor actriz revelación, extraño reconocimiento a una veterana Soledad Villamil, y mejor película latinoamericana), Sacheri afronta ya con "tensión" la ceremonia de entrega de los Oscar, que se celebra el 7 de marzo y en la que el filme protagonizado por Ricardo Darín aspira a ganar la estatuilla a la mejor película extranjera. "Me han hablado muy bien de La teta asustada y La cinta blanca, pero no las quiero ver hasta que pase todo", dice. "Es lo que tienen los premios: te llenan de felicidad cuando te nominan, pero a medida que se acercan lo pasas mal".

Entre tanto, el escritor trata de relajarse viajando. La semana pasada estuvo en Sevilla, un visita de placer que interrumpió unas horas para hablar de su novela, editada en España por Alfaguara con el mismo título que la película, y del proceso de adaptación al cine. Fue un trabajo duro, recuerda; "¿y querés que además te cocine un pollo?", tuvo ganas de decirle al director cuando éste le explicó los cambios que creía convenientes.

El principal pasaba por darle un tono "más de thriller", aunque respetando la combinación original de "historia de crimen, romántica, policial y con cierto humor". Pero lo más difícil fue, dice, conseguir que los personajes estuvieran "siempre en primer plano" y que la historia, la Argentina de esos años, del 74 al 75, "quedara sólo como telón de fondo". Una época en la que "se abrió la puerta a todos los monstruos" y que ha sido "poco estudiada", o mucho menos que la inmediatamente posterior, la resultante de la dictadura militar iniciada en el 76.

La novela plantea una pregunta fundamental: "¿Qué hace que un hombre confíe en la justicia cuando la sociedad en la que vive permite que un crimen quede impune?". Y es que en esos años previos al golpe de Estado, recuerda el autor, se empezó a reclutar a todas las brigadas que más tarde ejercerían la represión masiva, y los argentinos empezaron a "acostumbrarse a la ruptura de la ley y al ejercicio de la violencia".

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