La saga X-Men

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La presencia en nuestras pantallas de la película X-Men: Primera generación, sobre el origen de estos mutantes de cómic, no puede evitar, como evocábamos en la crítica publicada aquí el pasado miércoles, la referencia del inicio de la saga en manos de un director estimable, Bryan Singer, que también interviene en esta producción como autor del argumento.

Permítaseme entonces recordar aquella primera película X-Men (2000). Cuando se estrenó en Estados Unidos rápidamente se aseguraba en grandes titulares que la acogida en la taquilla era toda una sorpresa, batiendo todos los récords previstos e iniciando de inmediato el camino para convertirse en uno de los films más comerciales de la historia. No se exageraba. Al poco tiempo las cifras registradas pulverizaban todas las marcas verificadas hasta el momento. Grandes títulos de taquilla muy elevada eran superados sorprendentemente. Los superhéroes del famoso cómic de la Marvel se llevaban por delante a otros destacados protagonistas de unas películas que, hasta entonces, encabezaban la lista de los éxitos comerciales. Consecuencia inevitable las secuelas, cinco, de una asegurada continuidad que se sugería en las postrimerías de esta primera entrega. La que hoy nos ocupa, es un buen ejemplo.

Pero volviendo a esos principios no podemos olvidar que Stan Lee, fue el creador de La Cosa, El increíble Hulk, Los cuatro fantásticos y Spiderman, con la Marvel Comics Group, reinventando en la década de los sesenta a los superhéroes de los cómics, si bien los hizo más humanos, más vulnerables. Recordemos que, con anterioridad a la aparición de estos personajes -antes de los sesenta-, Superman y Batman eran los mitos de mayor predicamento y constituían los grandes líderes del mercado editorial del cóomic norteamericano. Stan Lee, que a los ochenta años seguía con su actividad creativa, alcanzó poco después el más destacado triunfo cuando sacó a la luz esta saga de una serie de mutantes que utilizan sus poderes sobrenaturales para salvar al mundo de la catástrofe a la que lo conduce el perverso Magneto. Según su creador a los adolescentes les encanta X-Men porque "todo chico lleva un mutante dentro, ya que cuando dejamos de ser niños nos entra a todos una especie de sentimiento de soledad y angustia pensando en que el mundo está contra nosotros".

Quizás por eso la saga X-Men a los once años de su aparición cinematográfica sigue apasionando a los espectadores más jóvenes, plenamente identificados con estos seres mutantes, que, como resulta obvio emprenden una nueva aventura maniquea. Y todo pese a la en buena parte fallida X-Men 3: La decisión final (2006) y la más que discreta X-Men: Orígenes. Lobezno (2009), estos superhéroes protagonistas recobran su vigor gracias a la afortunada dirección de Matthew Vaughn, realizador de dos películas de éxito Stardust (2007) y la muy divertida Kick Ass (2010), como recordábamos en nuestra crítica. Y así expone con rasgos muy certeros los orígenes de los mutantes y los años jóvenes de sus principales protagonistas, el profesor Xavier y el infame Magneto, en un relato que nos conduce por los derroteros de los films de superhéroes, las aventuras de los agentes secretos en los años de la Guerra Fría y la crisis de los misiles en Cuba (octubre de 1962). A todo ello habría que añadir una espléndida constelación de buenos intérpretes.

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