Hubo más rejoneadores que toros

  • Una corrida descastada en líneas generales, con el hierro de Juan Pedro Domecq, de la que se debe destacar el juego del segundo y cuarto de la tarde, que se prestaron más al triunfo de la terna actuante

Ganadería: Se lidiaron cinco toros con el hierro de Juan Pedro Domecq y uno, segundo de lidia, perteneciente a Parladé. Segundo y cuarto destacaron por su calidad y juego en la lidia, bravos y con nobleza. El resto conformaron un conjunto muy rajado y entablerados durante todos los tercios.. TOREROS: Luis Domecq. Oreja; en su segundo, dos orejas. Diego Ventura. Saludos; en el quinto, dos orejas. Joao Moura hijo. Dos orejas; en el que cerró plaza, oreja. Incidencias. Plaza de toros de Aracena. Media entrada de público en el tendido. Tarde con temperatura veraniega. Al final del festejo, los tres rejoneadores salieron a hombros.

Queda la impresión en el ambiente que a la terna de rejoneadores que ayer actuó en Aracena con motivo del festejo de feria se quedó huérfana de toros. No así de trofeos porque la tarde fue prodiga en ellos, piensa uno que porque los caballeros acertaron a poner en liza lo que les faltó a un encierro pobre de casta y clase que con el hierro de Juan Pedro Domecq se jugó ayer tarde en la plaza serrana. Habría que remontarse históricamente hasta encontrar similar ocasión de que un hierro tan apetecido por los de a pie lidie en los caballos, pero alguna vez tenía que ser.

Que los tres actuantes estuvieron muy por encima de la corrida bien puede deducirse del comentario previo. Triunfaron más que nada porque Antonio Domecq cuajó una excelente tarde de rejoneo, sobre todo en su segundo, donde con la calidad del animal, el jerezano se vino arriba con una labor muy comprometida y bastante más vibrante que en otras ocasiones. Encontró Antonio el temple de un buen toro y el acierto se terminó acoplando con una labor donde el temple y la armonía de un rejoneo muy bello, le quitó el amargor de un primer toro muy rajado, con el que todo tuvo que hacerlo el torero.

Diego Ventura, por su parte, estropeó una gran faena a caballo por culpa del fallo con los aceros.

Se había acoplado Diego con las buenas condiciones del segundo de la tarde, el más bravo de un encierro que no estuvo demasiado sobrado de eso. Éste sirvió y Ventura le dio fiesta con una labor muy vibrante, en la que la excelente cuadra que posee, hace el resto.

Morante, en el primero, y Nazarí, en el quinto, pusieron el clamor en el tendido.

El resto lo hace un torero ansioso de triunfos y sin su rival más directo ayer sobre el albero.

El fallo con los rejones de muerte no empaña un ápice ese buen rejoneo con el que Ventura brilló por encima de un buen toro.

Espoleado por el triunfo de sus compañeros, Ventura salió a por todas en el quinto, un toro nada fácil, pero que se dejó lo suficiente como para que Diego volviera a dejar plasmada una labor sencillamente espectacular, en la que esta vez sí alcanzó a dejar un rejón que, con el refrendo de un descabello, le valió las dos orejas.

Joao Moura, por su parte, tuvo que luchar más que nada con la apatía de dos enemigos muy similares en su juego. Muy entablerados y achicados tras los rejones de castigo, el portugués tuvo que echarle más casta que otra cosa para conseguir vender dos faenas que tienen el enorme mérito de las ganas y el acierto del torero.

Tuvo, sin duda, más enjundia la labor frente al tercero de la tarde, con el que, de menos a más. fue convenciendo a la audiencia de que también él venía a por el triunfo. Un triunfo, como digo, a valorar desde el absoluto valor del trabajo de tres grandes caballeros en plaza muy por encima de los toros.

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