Ramón Fontserè. Actor

"La premonición bestial de 'El Nacional' se ha hecho realidad 18 años después"

  • El artista se vuelve a meter en la piel de José, el alma de 'El Nacional', la obra más laureada de la compañía · La función, creada en el 93 y contextualizada en una crisis económica, ya anticipaba la situación actual del país.

En sus respuestas aparecen de forma repetida palabras como "trabajo", "obsesión", "pasión", "lucha" y "calidad". Nada más lejos del narcisismo. Ramón Fontserè, conocido para el público como el actor por excelencia de Els Joglars, compañía a la que pertenece desde 1982, está ligado ya a personajes como Jordi Pujol, Josep Pla o Dalí. También lo está a Don José, en cuya piel vuelve a meterse estos días. El protagonista de El Nacional, obra que ya vio la luz en 1993 y que vuelve a los escenarios al cumplirse los cincuenta años de la compañía, no pasará desapercibido en Huelva. Hoy y mañana, Els Joglars estará en la Casa Colón a partir de las 21:00.

-La cosa está regular. ¿Esperan una buena respuesta del público onubense?

-A ver si viene gente a vernos porque el teatro necesita público y nosotros lo necesitamos para ir haciendo obras y volvernos a reunir y durante otros cuatro meses montar otro espectáculo; son vasos comunicantes. Sería fantástico que aquí en Huelva muchísima gente respondiera bien. Siempre lo ha hecho, pero en estos tiempos es difícil y eso es un handicap que tenemos. A ver si tenemos suerte. ¿Qué tal el tiempo por ahí? Tengo muchas ganas de comer jamón y gambas (...).

-'El Nacional' tiene mucho que ver con el momento económico que vive el país. Tiene cierto paralelismo con el contexto de su creación en 1993. ¿Es la obra una premonición?

-La estrenamos cuando se habían acabado Las Olimpiadas. Nosotros somos un grupo que nos inspiramos en lo que la realidad nos da y entonces hubo una crisis de unas dimensiones mucho menores que esta. A veces los actores somos como hechiceros: en nuestra búsqueda para construir un espectáculo a veces ocurren cosas que nosotros predecimos. En el 89, cuando hacíamos Columby lapsus, en nuestra dramaturgia augurábamos que iba a caer el muro de Berlín. Estrenamos en septiembre y el muro cayó unos meses después. Fue una premonición. Esta ha durado más, pero realmente la premonición bestial que hacíamos en el 93 se ha hecho realidad 18 años después.

-Don José se impone a la crisis de una forma muy peculiar.

-Es el acomodador de un gran teatro nacional que, por falta de presupuesto y por un despilfarro enorme (lo que se hace habitualmente en este tipo de casas, que como el dinero es de todos no se repara en gastos), se ha ido al carajo. Recogerá a vagabundos de la calle para hacer el Rigoletto. Él quiere levantar aquello, cree que el arte debe ser de los artistas, apasionados por su trabajo en lugar de ser asalariados del dinero o funcionarios de la cultura. Pero él confunde los autores y se empeña en hacer el Rigoleto de Shakespeare.

-¿Se identifica con él?

-Hombre, ya me gustaría. Sí, es un hombre de cierta pasión y una obsesión. Tiene las cosas claras y tiene la experiencia. Pero no sé si me identificaría con su manera de vivir (risas) porque el hombre vive en el cuarto de utilería de un teatro en ruinas como si fuera un ocupa. Y los arquitectos municipales y las brigadas de derribo están allí acechando, así que yo prefiero vivir en mi casa cómodamente. Pero digamos que sí me identifico ideológicamente y con su pasión.

-¿Aparte de la incorporación de algún actor nuevo, ¿qué cambios hay repecho a la obra inicial?

-No hemos cambiado nada, porque las circunstancias son las mismas, aunque mucho más graves. Pero hemos incorporado más pasajes musicales para que la obra tenga más ritmo. Hemos cortado escenas (el espectáculo se queda en dos horas, si llega) porque los tramos musicales tienen mucho más importancia.

-En el fondo hay una crítica enorme a la gestión cultural por parte de las administraciones. ¿Qué opina usted de la inminente desaparición del Ministerio de Cultura?

-Eso dicen, que va a desaparecer. Yo creo que un país serio debe tener un Ministerio de Cultura para todo, para la proyección internacional y para la organización doméstica del propio país. Debe tener una importancia, sobre todo porque España es un país de muchos artistas y modalidades y sería una lástima que este ministerio desapareciera. Tampoco es que se fuera a acabar el mundo ni mucho menos pero no sería una cosa buena. O igual desaparece y hay una dirección general o una secretaría y funciona igual. Pero algo tiene que haber para aunar todo el potencial que hay en España y que es muchísimo.

-Se dice que aunque el arte sea un sector maltratado al final siempre hay fórmulas para salir a flote si se tiene talento ¿Se sale adelante sin tutela estatal?

-Hay una exageración de gente que se mueve en torno al hecho del artista, gente que igual no haría falta. Con una organización más exacta y con menos volumen se haría lo mismo. Creo que todos estamos aquí y hemos durado tantos años porque llevamos 50 años y hemos pasado la prueba del algodón a base de empeño, tozudez y por qué no, calidad. También con la obsesión y la pasión por hacer cosas cada vez mejor hechas. Ese prurito de llegar a lo máximo es lo que hace que el artista se mantenga y a trancas y barrancas vaya subsistiendo. Hay otros mercados más esplendorosos pero en el teatro esto es lo que hay y la gente intenta mantenerse con obsesión, trabajo, pasión y buscando una calidad.

-¿No hay que patalear o lamentarse?

-Es inútil llorar. Es lo que hay. Estos son los tiempos y no hay otra que mantenerse y aguantar haciendo lo que uno siente y o le gusta.

-Dígame si me equivoco: en realidad 'El Nacional' se pregunta por qué los teatros de ópera se gastan tanto dinero cuando lo que se requiere para cantar es talento.

-Sí. En el mercado de los cantantes el nivel económico es el que hay. Los primeros pintores impresionistas franceses se murieron de hambre y luego sus cuadros se han vendido a precios desorbitados. Pues si aquella gente hubiera vivido ahora lo habría hecho fantásticamente. Hombre, hubo gente como Monet, que vivió bien, pero el principio de los impresionistas fue duro. Imagino que lo que se paga en el mundo de la ópera y de los cantantes es porque alguien empezó de cero y empezó a subir. Pero para llegar a ser cantante, si no hay talento, trabajo y obsesión... Si tienes la suerte de que te paguen todo será fantástico, pero sin talento no se llega a ninguna parte, y tampoco sin superar momentos difíciles y luchar.

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