El poeta y la maestra

  • Una historia de la visita de Juan Ramón Jiménez a María del Carmen Rodríguez, que no pudo acudir a escuchar su conferencia en Paraná por encontrarse enferma

Quiero dar a conocer una pequeña, pero gran historia, que descubrí buceando entre el mar de papeles y recortes de periódicos que Juan Ramón Jiménez conservó. La historia de una humilde profesora de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos, al norte de Argentina. A esta ciudad llegaron Juan Ramón y Zenobia para impartir una conferencia sobre La razón heroica (que trataba sobre los hechos de la vida diaria con las batallas del espíritu). Gracias a uno de los recortes de prensa de El Diario, del lunes 30 de agosto de 1948, descubrimos que Juan Ramón se acercó a visitar a una maestra de escuela a la que su enfermedad impedía acudir a la conferencia que iba a impartir. Nos emociona con la crónica de la visita la reportera Nilda Elsa Ascúa, que decía así: "La luminosa mañana de sábado llega Juan Ramón a Paraná. Todos alegres esperando en el puerto, pero tristeza por María del Carmen Rodríguez, en su casa enferma, ella que nos había enseñado a amar al poeta. Un deseo individual, pronto compartido, nos unió: invitar a Juan Ramón y esposa a visitar a María del Carmen. Cuando llegaron, vieron la bondad del poeta, saludando a todos los niños. No tuvieron duda: el poeta y la maestra se encontrarían. Zenobia se lo pidió en nuestro nombre: a las 3 de la tarde estarían con nosotros. Lo confirmaron las palabras de Juan Ramón. A esa hora, María del Carmen, emocionadísima, "no queriéndolo creer", lo esperaba rodeada de familiares, amigos y alumnos. El encuentro nos conmovió a todos, calladamente. Ellos parecían venir a visitar a una vieja amiga conocida en secreto. Zenobia trajo un ramo de claveles y le dijo: "Sus alumnos me han ofrecido hoy estas flores y como de usted fue de quien me hablaron primero, yo se las obsequio ahora". Juan Ramón tomó a María del Carmen por los hombros y la obligó a sentarse, y comenzó el diálogo: el de ella, apresurada, el de él, sereno, como en su casa. Él tenía vivo deseo de saber. Ella dijo que sentía no poder ir a sus conferencias por enfermedad, pero él dijo que tenía muy buena cara y que estaba muy guapa. Después hablaron del niño y de la poesía, que al niño hay que dejarlo transitar, como en la vida, en la poesía. Después él volvió a interesarse por sus trabajos, y como ella le hablaba de admiración hacia él, él contestó: "Admiración no, yo quiero afecto. La admiración que quede para las estrellas de la pantalla". Y lo dijo con seriedad y gracia. Le puso dedicatoria a "Diario de poeta y mar", que dijo era su libro más amado, y leyó en voz alta lo escrito. Salieron al patio tomados del brazo y se quedaron solos, y nosotros detrás. Nuevamente la emoción nos invadió. Hubo un afecto admirable. Hemos recordado aquel "Saludo del alba" que escribiera JRJ que dice así: "Cuida bien de este día. Este día es la vida, la esencia misma de la vida. En su leve transcurso se encierran todas las realidades y todas las variedades de tu existencia: el goce de crecer, la gloria de la acción y el esplendor de la hermosura…". Este artículo termina así: "Este día ha sido el esplendor de la hermosura".

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