El poder de los aliens

  • 'District 9' no exenta de de esos aires comerciales habituales en Hollywood.

Es evidente el poder de captación y de convocatoria en las salas de los temas de ciencia-ficción, convenientemente acompañados de grandes efectos especiales y oportunamente aderezados con acción y violencia. Demuestran así los atractivos esenciales para una gran concurrencia dispuesta a dejarse embaucar por la dinámica del videojuego sin más complicaciones mentales y tendencia a la evasión a cualquier precio. Ello justifica el notable éxito de un título tan llamativo como District 9, que tras su demoledor triunfo comercial en Estados Unidos (más de treinta millones de euros en el primer fin de semana), irrumpió en nuestras carteleras y en una semana se ha colocado a la cabeza de las películas más taquilleras del momento, superando todas las expectativas y los dos millones de euros de recaudación en menos de tres días, sin que le haya faltado la admiración de ciertos críticos, dispuestos a dar por buenas estas invenciones.

El poder de los aliens sigue siendo notable cuando sus argumentos no inducen a elucubraciones como las del modélico film de Ridley Scott, (Alien: El octavo pasajero, 1979), que figura entre los iconos del género a nivel más serio y comprometido. Evidentemente esa es otra cuestión. Por lo que se refiere a District 9, son otros los alienígenas quienes vienen a seguir la trayectoria, no exenta de de esos aires comerciales habituales en Hollywood, que consisten en mezclar los géneros y atiborrarlos de elementos digitales, instrumentos virtuales y toda suerte de efectos especiales para acentuar sus ya de por sí sobredimensionados dispositivos de terror, fantasía, violencia y espectacularidad.

Aquí todo parte de una nave alienígena que ha quedado varada en el cielo de Johannesburgo, si seguimos la indicación de la propia película. Sus tripulantes, unos seres desgraciados, son destinados a una zona periférica y marginal de la ciudad, especie de campos de concentración gubernamentales, lo que podríamos considerar un evidente apartheid perpetrado contra seres de otras dimensiones galácticas. Pasado el tiempo los individuos se han multiplicado y empiezan a saquear los vertederos. El problema está planteado. El llamado District 9 se ha convertido en una zona de chabolas y de elementos residuales a modo de gueto indeseable que repudia a los ciudadanos que reclaman sus derechos y se muestran partidarios de la expulsión. El conflicto y los enfrentamientos no se hacen esperar.

La iniciación a modo de documental, especie de docu-thriller, podríamos decir, con tonos melodramáticos y en ocasiones sarcásticos, patentiza más las intenciones de la trama y la autenticidad de lo real. Con todo ello la metáfora está servida, como destacaba en mi crítica publicada en esta sección el pasado jueves, día 24. Es decir estamos ante el panorama que a diario nos ofrece el conflicto de la inmigración y las consecuencias, que soslayamos continuamente con eufemismos y ambigüedades hipócritas, de xenofobia y discriminación. Podríamos recordar para los desmemoriados fílmicos Alien Nación (1988), de Graham Baker.

Pero en la película que nos ocupa, de una singular incidencia en la cartelera actual, la violencia y la truculencia se imponen. Tanto Peter Jackson, avieso productor y realizador experimentado como el director debutante de origen sudafricano, Neil Blomkamp, han sabido manejar muy bien esas claves, de manera que más allá del juego testimonial o documental, del que muchas veces abusan a lo largo de la película, ésta no prescinda jamás de sus objetivos puramente taquilleros.

No se trata de juzgar aquí su talento en la realización, que en el caso del primero tiene más que demostrado con éxitos tan notables desde la saga El Señor de los anillos (2001) hasta King Kong (2005). Ellos han sabido utilizar los instrumentos convenientes para que la gente acuda en masa a ver la película. Todo para aderezar esta odisea, otra guerra de los mundos, muy distinta de aquellas que nos brindaron en 1953 Byron Haskin y en 2005 Steven Spielberg sobre la famosa novela de H. G. Welles. Lo que aquí nos presentan es el dilema de que cualquier día desembarquen en nuestro planeta seres de otros mundos y nos planteen un problema de superpoblación. Y es que el poder de los aliens es imprevisible en ese ámbito de la ciencia-ficción porque en el de la taquilla ya vemos que funciona divinamente.

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