Tras los pasos de Gaultier

Llegó el Jueves Santo y permanecerá en Sevilla hasta mañana lunes. Y, aunque a simple vista pudiera pasar por un turista más, muchos son los que se han encontrado con la sorpresa de toparse de pronto, paseando por las calles de la ciudad, con el mismísimo Jean Paul Gaultier. El responsable de la redefinición de la moda parisina a principios de los ochenta se halla estos días de visita en la capital andaluza acompañado de amigos como Nicolás Vaudelet, diseñador de reciente fichaje de la firma El Caballo en el que Gaultier ya confiara previamente para idear sus complementos de hombre y mujer en su línea de Alta Costura. Además de experiencias laborales conjuntas -como las colaboraciones tanto para idear el vestuario utilizado por Madonna para la gira Confessions Tour y otras propuestas presentadas por Joaquín Cortés en sus más recientes espectáculos-, a ambos les une una estrecha amistad que, al residir Vaudelet en el sur de España, ha vinculado aún más al enfant terrible de la moda con nuestra tierra.

Alojado en el complejo Casas del Rey de Baeza, el creador ha demostrado ser alguien muy normal lejos del divismo al que, a veces, nos tienen acostumbrados este tipo de personajes. De hecho, lo único especial que ha pedido en su hotel han sido algunos libros de Semana Santa y, si es posible, que no falten las típicas torrijas que, según cuentan, tanto le gustan. "Viene para llenarse de estas fiestas y poder plasmar posteriormente todo eso en sus colecciones", confirma un confidente cercano.

Conversador generoso, el francés pasó parte del Viernes Santo en los balcones del establecimiento de antigüedades de Salud Segundo en la calle Sierpes donde, declinando mejor los dulces para otro momento, celebró el jamón y el queso de su anfitriona. "Acudió con unos conocidos y me pareció un ser encantador", comenta la propietaria del negocio. "Conoció la Feria de Abril en 1986, pero me ha confesado que la Semana Santa le gusta más. Es un enamorado de Andalucía y así me lo demostró hablando de eventos típicos como los toros. Su primera intención fue haber vivido La Madrugá con nosotros pero, al final, no le resultó posible". Un privilegiado emplazamiento, el del local referido, que permitió a Gaultier disfrutar, con la Plaza de San Francisco como telón de fondo, de vistas incomparables. "Le provocó mucha curiosidad comprobar que las flores de los pasos son naturales, pues pensaba que se trataba de ornamentos artificiales", explica la atenta empresaria.

Al otro lado de la acera, Esther Amo, especialista en la artesanía de los abanicos, no salía de su asombro. "Al principio miré y me pareció, por lo rubio, que era uno de Los Morancos", recuerda. "Sin embargo, al poner más atención me di cuenta de que era Jean Paul Gaultier. ¡No me lo podía creer!". Con paciencia, esta cordobesa afincada en Sevilla, esperó el momento y acudió al encuentro de su ídolo en cuanto tuvo oportunidad. "Le dije que era seguidora suya, que también me dedicaba a este mundo y que sería un honor para mí poder mostrarle lo que hago. Él aceptó encantado y me advirtió que, si tenía lugar, iría a ver el material a la tienda". Como anécdota, su ídolo se fijó en un medallón de un Cristo y una Virgen que llevaba su admiradora al cuello y alabó su buen gusto. "Me hizo mucha ilusión y, casi gritando por la emoción, regresé con mi gente".

Guía de excepción durante estas jornadas Javier Grillo, responsable de la empresa Passion Tour, ha sido un discreto cicerone que ha protegido a Gaultier para, en la medida de lo posible, mantener el anonimato y, de esta forma, poder llevar una normal actividad. De hecho, hoy mismo, ya que los eventos procesionales terminan, marchan a Ronda para aprovechar al máximo las últimas horas de tan especial excursionista. No es la primera, ni será la última vez. Jean Paul Gaultier ha descubierto entre nosotros un motivo de inspiración que, de seguro, quedará reflejado para la posteridad en su obra. Un motivo más, para sentirnos orgullosos.

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