Cómo pasar del éxtasis al tormento

  • Finito de Córdoba, Rivera Ordóñez y Talavante no consiguen triunfar con rotundidad ante una exigente corrida

Tras el delirio de la tarde del sábado con José Tomás, la corrida de cierre de la Feria del Caballo fue casi un tormento por lo larga que se hizo en un festejo en el que muy pocas veces la terna actuante pudo desatar el entusiasmo de los tendidos, y muchos menos conseguir un momentos que convirtieran lo anodino en excepcional.

Déficit que se acusaba mucho más tras el doble cañonazo que disparó José Tomás la víspera, que además de dejar a la afición turulata, parece que también hubo onda expansiva en el ruedo y los corrales, porque si los toreros no llegaron, los toros tampoco regalaron nada de lo que tenían.

Parece que había que buscarlo, cómo hizo Talavante en el sexto, que fue a embarcar con la zurda, sujetando la franela con la ayuda, al desrazado y corretón toro que cerraba plaza, y que consiguió la faena con más eco de la tarde, sobre todo al natural. El toro, que durante la lidia no tuvo fijeza, sí que tuvo entrega y movilidad en la muleta, y aunque hubo altibajos, armó Talavante una faena que pudo ser premiada si no llega a fallar a espadas. En el tercero de la suelta, el extremeño no había logrado interesar con un toro que en el tercio de muerte resultó molesto y cabeceante, resultando los muletazos emborronados, aunque su labor ganó en intensidad al final con la cercanía.

Sí que fue premiado Francisco Rivera Ordóñez en su primero , tras una labor en la que lució en banderillas y estuvo aseado muleteando con apariencia, trabajo que satisfizo al público que le recompensó con una oreja de escasa sustancia, porque el toro tuvo nobleza y lo que ligó tampoco era para tirar cohetes. El quinto, segundo de su lote, no le gustó al matador, que tachó al cornudo de cobarde y que fue un manso con peligro, uno de los puntos negativos del encierro, y que recibió pitos en el arrastre.

Juan Serrano Finito de Córdoba, con el sobrero lidiado como primero, que salía suelto de los muletazos, tampoco hizo mucho por sujetarlo, desplazándolo y lidiándolo a distancia. No fue el mejor Finito, que en el cuarto, además de fallar a espadas, puso más ganas ante un toro rajado y huidizo, pero nada pudo conseguir.

Una perfecta tarde de resaca, en la que los efectos colaterales de José Tomás se hicieron notar, y es que lo del sábado....

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