Una pared de pensamientos a color

  • El Niño de las pinturas convirtió ayer una tapia blanca de la capital en un muro con palabras de artel graffitis para leer El artista granadino Raúl Ruiz presentó en Huelva su nuevo libro 'Sex, el Niño de las pinturas a través del muro' dejando su impronta en los muros del patio de la Escuela de Arte León Ortega

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Para el Niño de las pinturas un muro o una pared blanca tiene el mismo valor que para un escritor una página en blanco. Es decir, ambos soportes se antojan como el mejor espacio posible para vaciar la mente y así escupir sobre ellos sus pensamientos.

Y esto exactamente es lo que Sex, como también es conocido este artista callejero y granadino, vino hacer ayer en Huelva. Escupió a través de spray los trazos de su creatividad en una tapia blanca que le habían preparado para tal fin la Escuela de Arte León Ortega. Centro docente que no quiso perder la oportunidad, que le brindaba la papelería Bellas Artes Naranjo, para mostrar a sus alumnos cómo este artista realizaba, en vivo y en directo, uno de sus aclamados internacionalmente graffitis.

"Mi filosofía es cambiar el gris hormigón de una pared por el color". Con estas palabras definía Raúl Ruiz, o el Niño de las pinturas, su manera de entender su arte, momentos antes de enfrentarse a su próxima creación. "Primero miro el entorno donde está ubicada la tapia o el muro donde desplegar mi trabajo; intento fijarme en pequeños detalles, busco cosas que me sorprendan. Una vez analizado el paisaje de una manera global, ya estoy listo para pintar", apunta, defendiendo así todo un alegato a favor de la improvisación, como vehículo para transmitir sus pensamientos.

Las pinturas de Sex son una peculiar alianza entre imagen y palabra. Un arte que se mira, se lee y se piensa en plena calle, ante los ojos de todos. "El mundo está oscuro, ilumina tu parte", rezaba una de sus más afamadas pintadas en una de las calles de su ciudad, Granada. El Niño de las pinturas afirma que cuando se le ocurre alguna frase "la escribo deprisa para que no se me olvide, luego, casi siempre, se me ocurre una historia con la frase y la pinto".

Sobre el intrusismo en la profesión titubea. No se queja tanto de las pintadas ilegibles que aparecen en edificios, muros de iglesia o monumentos, como de lo poco que hacen las instituciones para que ese tipo 'maleducado' de graffitis se difuminen y no vuelvan a molestar. "Si la represión se cambiara por educación, otro gallo pintaría", ironiza sin querer distinguir las obras que se pueden considerar graffiti o no.

Lo que sí tiene claro este autodidacta artista, que se inició en el mundo de la pintura a través de los dibujos de pitufos que le daba su madre para colorear, es el objetivo de su obra: "darle color a la calle. A veces, la gente me lo agradece. No es lo mismo tener cerca de tu casa un muro gris que desprenda nostalgia y tristeza que una pared adornada con múltiples colores que sea capaz de alegrarte el día, sólo con echarle un vistazo".

Sobre el punto efímero que rodea muchas de sus creaciones, Sex lanza, de nuevo, un órdago cargado de positivismo. "A mí la destrucción me provoca pintar más, hacer doble trabajo. No me da pena que muros donde he plasmado una de mis obras hayan desaparecidos con ellas". Todo lo contrario, cuando se entera de uno de estos derrumbes, Raúl busca más tapias donde seguir evolucionando en esta bien llamada pintura callejera.

Quizás para inmortalizar estas, a veces, efímeras obras de arte, repartidas por todo el mundo, el Niño de las pinturas las ha recogido, vía fotografía, en un libro recopilatorio que, tras su alumbramiento pictórico, presentó ayer en el marco de la Escuela de Arte León Ortega de la capital. En 'Sex, el Niño de las pinturas a través del muro' traslada a las páginas en blanco sus vivencias acaecidas frente paredes blancas, donde lanza sus mensajes a trazos de spray.

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