Carmen posadas. escritora

"Para una novela histórica hay que investigar y después desaprender"

  • La autora presenta 'La hija de Cayetana', en la que relata la adopción de una niña negra por parte de la musa de Goya en la España del siglo XVIII

La escritora Carmen Posadas (Uruguay, 1953) la semana pasada en Sevilla. La escritora Carmen Posadas (Uruguay, 1953) la semana pasada en Sevilla.

La escritora Carmen Posadas (Uruguay, 1953) la semana pasada en Sevilla. / juan carlos vázquez

Carmen Posadas se sumerge en la vida privada de la duquesa de Alba en su nueva novela, La hija de Cayetana. La escritora de El testigo invisible ahonda en uno de los episodios más íntimos y controvertidos de la que fuera la musa por excelencia de Goya: la adopción que hizo la aristócrata de una niña negra. Posadas retrata, a través de las intrigas cortesanas, el desconocido mundo de la esclavitud en una España que iniciaba su particular Siglo de las Luces.

-Se entera del tema de una manera muy casual...

-Pues sí. Una amiga me dijo un día que la duquesa de Alba tuvo una hija negra, y lo más increíble es que el cuadro de Goya en el que aparecía esta niña lo había visto yo muchas veces antes sin haber dado cuenta de lo que estaba viendo realmente.

-¿Cómo ha sido la labor de documentación e investigación sobre el tema?

-Hay que decir que no se puede juzgar el siglo XVIII con la mirada actual porque en aquella época el que le regalaran a la duquesa de Alba una niña podía considerarse una práctica normal. La diferencia es que Cayetana, que no podía tener hijos, se encariña de tal modo con esta criatura que la prohija y al morir le deja una herencia muy considerable.

-Pero apenas hay información sobre esta hija.

-Se sabe pero no sé por qué nadie se ha interesado por este personaje. Hay dos retratos hechos por Goya de la niña y está el testamento en el que se dice que la duquesa le deja una herencia. Con esta información me puse a investigar. Se sabe que la niña vino de Cuba, que era hija de una esclava y que se la regalaron a Cayetana con muy pocos meses, envuelta en un turbante de esclava. Su madre biológica le dio lo único que tenía, su pañuelo, para que tuviera un recuerdo suyo.

-¿Cómo ha desarrollado esta historia dentro de un contexto como la Ilustración?

-La estructuré como la historia de dos madres y, por tanto, tiene dos vertientes. Por un lado, la corte y, por otro lado, la historia de la esclavitud en España porque aún es poco conocido que hubo muchos esclavos en la Península. En recabar toda la documentación tardé seis meses y cuando comencé a escribir seguí investigando porque quedaban muchos flecos. El proceso ha durado un año y medio.

-En la obra describe la compraventa de esclavos en España como un proceso similar a la adquisición de cualquier objeto en una tienda.

-En los periódicos se anunciaba la venta de siervos dando datos del tipo: "recién parida", "buena leche" o "cocina muy bien". Hay muy poca documentación sobre esto. Cervantes llama a Sevilla "el damero de Europa"en el siglo XVII porque afirmaba que el 10% de la población era de color. De alguna manera quedan vestigios como la hermandad de los Negritos, que se remonta al año 1300 y se fundó para recoger a los esclavos que sus amos echaban a la calle cuando eran inservibles.

-¿Cómo ha conjugado la trama histórica, como la vida palaciega, con la ficción?

-Es un proceso a dos velocidades. Meter documentación sin que se note y que el lector no pierda el hilo de la parte de ficción. Para escribir novela histórica hay que documentarse mucho y después desaprender todo porque corres el peligro de aburrir al lector con datos, cifras y batallas que interfieren en la lectura. Encontrar el equilibrio es lo más difícil.

-Existe una gran admiración por la Casa de Alba.

-La duquesa de Alba del siglo XVIII se parecía mucho a la del XXI en cuanto a caracteres y gustos. A las dos les gustaba mucho lo popular, bailaban muy bien, tenían amigos toreros o cómicos y les encantaba ese ambiente. Ambas eran hijas únicas que heredaron grandes fortunas y títulos. Hasta el siglo XX, las únicas mujeres realmente libres eran muy ricas o muy poderosas y ambas eran las dos cosas, de manera que que pudieron elegir sus destinos.

-¿Tenían entonces las mujeres de clase social elevada de siglos pasados más libertades de lo que suele pensarse?

-Absolutamente. Las mujeres del siglo XVIII eran muy libres, jugaban un papel muy importante en la política y sus opiniones eran muy valoradas. Además, dentro de la clase social alta las féminas eran muy libres sexualmente porque los matrimonios estaban arreglados, acordaban cuántos hijos querían tener y, a partir de ahí, cada uno hacía lo que le daba la gana y nadie pedía cuentas ni las rendía.

-¿Cree que puede compararse de algún modo el Siglo de las Luces con la actualidad?

-El siglo XVIII se parece mucho a éste porque en aquel momento estaba muriendo el viejo régimen, decadente y corrupto. Apareció un nuevo actor político: los revolucionarios, en concreto los burgueses. Sus esquemas políticas eran muy parecidos a los de Podemos en cuanto a los movimientos asamblearios. Luego se dieron cuenta de que eran inoperantes y surgió un líder muy autoritario, Robespierre en el caso de la Revolución francesa. Como decía Mark Twain, la historia no se repite pero rima.

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