El museo desmembrado

  • No es cuestión de inculpar a los causantes de la desaparición y abandono del Museo al Aire Libre de la capital, pero sí de pedir responsabilidades por ello

El parque de los Monos vuelve a tomar esplendor. Un 'cacharrito' y decenas de niños. Así de sencillo. Me cuenta mi marido, criado con las proezas de John Wayne, que en su niñez el parque tenía un fuerte, la morada de todos los aventureros del Far West onubense. Con tan poco, en tiempos de menos, tanto. Todo es posible. Dos gotas de ingenio. Y voluntad.

Días atrás, mientras los niños destrozaban con satisfacción sus pantalones en el nuevo fuerte galáctico, contemplaba el totémico nudo de Noja presidiendo la entrada del Muelle de las Canoas. La escultura tiene una enorme fuerza urbanística y plástica, no tanto artística, excesivamente abrazada a las 'plétoras deudoras' de lo ya visto y vivido. Sin embargo, mi pensamiento no siguió en esta obra, ni en otras del mismo autor en la capital, sino en su proyecto del Museo de Arte Contemporáneo de Escultura, es decir, el Museo al Aire Libre que el alcalde Ceada levantó en las calles del centro, allá por 1991, como "una democracia sin muro" del arte.

Al día siguiente me puse el traje de la hermosa Erika Berger, la amante del indestructible Blomkvist, y comencé a indagar sobre ese museo fantasma que en estos casi veinte años que nos contemplan ha sufrido exilios, expolios, saqueos e indiferencias. Adelanto que los números, entre otras cosas, no son lo mío. Un papel amarillo en el fondo de un cajón delata que el proyecto consistorial plantó en Huelva 62 obras -59 en el folleto oficial-, algunas de ellas firmadas por lo mejor de la escultura española de la segunda mitad del XX: Pablo Serrano, Camin, Berrocal, Amador, Perujo, Besteiro, Garruncho, Gabino, Basterrechea o Venancio Blanco.

Por Concepción y plaza de la Constitución, ni rastro. Antes del Plan E, llegaron el Plan Semana Santa (eliminar obstáculos para "el paso de los pasos"), el Plan Piqueta (destruir o edulcorar edificios de interés), el Plan Peatón (fuera coches del casco antiguo -sic), el Plan Firme (cambios de solería por grandes placas de acero) y el Plan J.y.P. (por decoro, y no por víctima, imposible traducir). Es decir, mudanzas continuas. En Pablo Rada y San Sebastián, dos o tres. Puerto, una. La de la fuente de San Sebastián, reubicada en el Paseo Marítimo. Sustituto, Paco Toronjo, ironía flanqueada de cipreses, un homenaje a los soldaditos de playmóbil.

Sigo mi caminar. Según información proporcionada por testigos, dirijo mis pasos al parque de Zafra. Allí, bien alineadas para ser contempladas, en una especie de avenida de las esfinges donde los hititas han arrasado, se encuentran 21. Una llamada telefónica con número privado me indica que en Manuel Siurot se dispone en fría armonía otro buen número, 7. Para ser consecuente, me gustaría escribir "una falange de obras de reputados autores se yergue en el bello y coqueto espacio para deleite del entendido público onubense". Un cierto aire místico rodea la escena. Mi brazo se levanta al sol… para limpiar las esculturas, todas ellas asaeteadas por la barbarie y la incultura. Un SMS esotérico, o exotérico, es todo tan parecido, me revela que aquí se honraba a José Antonio. Me quedé helada. Ahora entendía el levantamiento instintivo del brazo. Estamos, eso parece, en un lugar mágico, por eso han puesto aquí parte del Museo.

Una vez recobradas las fuerzas, me puse a recontar. Muchas, mas no todas. La suma de Siurot más Zafra más las desperdigadas hacen un total de… No llegan a 62, indudablemente. Y menos a 63 (en Quintero Báez, obra de Cordero, única adquisición del Museo en tantos años).

Aunque no faltan ganas, no es cuestión de inculpar a los causantes de la desaparición y abandono de un Museo al Aire Libre con un trazado que, como decía el arquitecto Curbelo, "dentro de poco será parte sustancial de nuestras calles", y con obras muy importantes, no lo olvidemos, pero sí pedir responsabilidades. Responsabilidades por el número de obras y responsabilidades por silenciar y desmembrar un Museo. Ahora no es museo, ahora, como explican por aquí, "no es".

La duda que me cabe tras mis infructuosas pesquisas es si algún día estuvieron las 62 esculturas soleándose por las calles de Huelva y, si así hubiera sido, si las 62 esculturas están vivas. ¿Por qué? Nunca contemplé 62 y desde luego hoy no perviven 62 en los centros de acogidas que el Consistorio ha tenido a bien levantarlas. Qué pena que Larsson haya fallecido. Aquí tendría un título millonario: la ciudad a la que no le gustaba un Museo de Escultura al Aire Libre y decidió desmembrarlo rogándole a la Inmaculada por cantes de Paco Toronjo mientras un marinero telefoneaba a JRJ.

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