De magos y brujos

En la exigua cartelera con la que contamos, en Huelva aún más disminuida porque siempre faltan títulos de interés que no llegan a nuestras pantallas, una película como El aprendiz de brujo, que se convirtió en la primera semana de proyección en el título líder de las películas más vistas del panorama de la exhibición cinematográfica española, supone un espectáculo más llamativo que otros que ilustran nuestras pantallas. Con toda su insigne referencia a la composición del francés Paul Dukas, que dio lugar a uno de los pasajes más jugosos de la tantas veces recordada Fantasía (1940), de Walt Disney, ilustrativa de cierta secuencia del film que hoy nos ocupa con menos brillantez, el film de John Taurteltaub, encabezado por el prolífico y versátil Nicolas Cage, es un pasatiempo estimulante entre tanto estreno más bien anodino.

Doscientos siete años después del mito creado por Goethe y setenta de la fascinación disneyana sobre aquel neófito pupilo del nigromante fabuloso, la historia ha pasado a ser un thriller, una intriga que nos traslada a la América urbana entre marcos lujosos y escenarios sombríos, provistos de una barroca parafernalia decorativa, donde continuamente se nos sorprende con una acción acuciante y unos inquietantes efectos especiales en una sucesiva aparición de juegos mágicos, turbadora brujería y amenazadores sortilegios. De por medio está un productor de afortunados recursos cinematográficos que lo mismo triunfa en la gran pantalla con Piratas del Caribe (2002), sus sucesivas secuelas que aún siguen, y tantas otras, que en la pequeña con series tan populares como CSI y otras menos conocidas pero vigentes también en las cadenas españolas.

Así Jerry Bruckheimer ha puesto en manos del realizador John Taurteltaub el artífice de La búsqueda: National treasure (2004) y su secuela, ambas también con Nicolas Cage como protagonista, un buen pretexto para darle vuelos a la más febril fantasía en este relato de magos y brujos. En él un hechicero llamado Balthazar Blake, se supone que el continuador más aventajado del legendario mago Merlín el Encantador, pone bajo su tutela a un joven universitario llamado Dave, para enfrentarse a los malvados designios de sus adversarios, descubriendo que éste es el verdadero sucesor del fabuloso brujo.

En suma la reinventada leyenda del mago Merlín espectacularmente instrumentada en clave de comedia algunas veces y que logra entretener, divertir e incluso de promover mensajes instructivos. Sobre todo con la participación de elementos personales tan diversos y en ocasiones tan cómplices con todas sus consecuencias como Alfred Molina y Toby Kebbell, de enriquecedor histrionismo además de la continua aportación de los efectos visuales y la tecnología digital. A ello cabe añadir ciertas virtudes artísticas que contribuyen al incremento de esa mágica fascinación que a veces consigue la película. Que de eso se trata en manos de hechiceros y nigromantes.

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