"Ser madre es lo mejor que me ha pasado"

Es guapa, cariñosa, educada, buena madre y buena persona. A Lydia Bosch se le descubren todas esas cualidades al punto de conversar con ella tan sólo unos minutos. La actriz, de 44 años, disfruta de su momento actual asumiendo proyectos profesionales como éste de defender un tratamiento de belleza en el que cree firmemente.

-Ha sido usted seleccionada por una serie de clientas encuestadas para protagonizar esta campaña. ¿Qué le parece?

-Me sorprendió y me ha halagado muchísimo. Es como un premio. Hace mucha ilusión que haya quien se identifique con mi forma de ser.

-¿Cómo es a la hora del cuidado estético? ¿Dedica mucho tiempo a ello?

-Mucho, no. Lo que sí está claro es que, a medida que pasan los años, inviertes un poquito más, claro. De jovencita me encantaba ponerme morena y he hecho auténticas barbaridades como tomar el sol a las horas más peligrosas del mediodía. Ahora protejo más la piel, me hidrato y uso productos específicos para evitar que las arruguitas se marquen más. Aparte, tener una familia grande con niños me ha favorecido para ser más ordenada. Me obligo a comer bien y, el ejercicio, lo llevo implícito en el día a día.

-Aun así no se quejará demasiado de cómo le ha tratado la vida, ¿no? ¡La balanza se inclina bastante a su favor!

-(Risas) No, no me quejo. Estoy agradecida a la genética de mis padres y, por si fuera poco, por fin he encontrado la crema que estaba buscando y que me va a permitir no acumular botes por ahí.

-Protagoniza también campañas de otras empresas. ¿De qué manera la convencen?

-Tengo que creer en lo que anuncio. Si no, engañaría.

-¿Apuesta mucho por lo natural?

-No. De hecho, creo que es lo mejor. En el maquillaje, mi lema es "Menos es más".

-Pero posee usted tantas virtudes que, de pronto, uno pudiera pensar que es perfecta…

-¡Ya me gustaría! (risas) Perfecta es mi madre. Yo tengo un temperamento que, a veces, debo reprimir. Pero intento ver el vaso medio lleno. En cuanto positivizas las cosas, todo sale bien y, si no, era lo mejor que me podía suceder.

-¿Cuánto de hermosura interior se refleja en el exterior?

-Cuidarse por dentro es esencial. Lo bello es algo subjetivo. Lo ideal es un equilibrio entre los dos conceptos pero, de elegir alguno, sería lo que no se ve. El resto, a pesar de que echemos mano a la cirugía, se machita. La belleza de una mirada te hace joven siempre y creo firmemente que la cara es el espejo del alma. Además, tenemos que aprender a vivir con las arrugas. Algunas resultan hasta bonitas y, al final, es cuestión de aceptarse a uno mismo.

-Están muy de moda las intérpretes maduras pero con aire juvenil. ¿Se siente reconocida en ese colectivo?

-Sí. Soy joven. Estoy en una etapa de plenitud porque, al menos, sé lo que no quiero. A esta edad mía alcanzas otro tipo de coherencia. Algunos miedos desaparecen o, como mínimo, aprendes a dominarlos.

-¿Y ser madre no hace que uno se estropee físicamente algo más?

-A mí la maternidad es lo mejor que me ha pasado en la vida. Tengo tres hijos pero lo repetiría un montón de veces. Luego, la flacidez o el desgaste que surja puede recolocarse y, aunque el cuerpo no te quede como antes, bienvenido sea.

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