Exposición

El lenguaje de campo

  • Vecinos de La Peñuela han organizado una exposición con enseres y herramientas agrícolas y ganaderos

Toniza, barquillo, pelliza, betijo, alzapié, espuerta, chivatas, honda, cangallas, alforjas… Palabras todas ellas que hoy día yacen en brazos del olvido, encerradas en diccionarios que dan cuenta de nuestro del rico vocabulario agrícola y ganadero, si bien hace tiempo que dejaron de estar en boca de las nuevas generaciones.

Con motivo de las fiestas del Patrón de la pedanía iliplense de la Peñuela, San Antoni o de Padua, los vecinos han organizado una exposición con la que pretenden trasladarnos hasta el periodo comprendido entre el siglo XIX y principios del XX, con el fin de rememorar y dar a conocer a los jóvenes aquellas herramientas y útiles utilizados para las labores típicas de agricultores, ganaderos y también por las amas de casa. Para la iniciativa, hasta 50 vecinos han colaborado aportando sus herramientas y utensilios artesanales de trabajo, amén de elaborar replicas con las que ilustrar la función que cumplían estos objetos.

La responsable de la exposición, Cristo Azogil, asevera que es cierto que mucha de estas herramientas no sólo no han dejado de estar en boga de la ciudadanía de a pie, sino que muchos ciudadanos asentados en las urbes desconocen ni tan siquiera los nombres de estos utensilios y, más aun, la utilidad que en antaño poseían.

Gracias a este tipo de iniciativas, uno puede empaparse y trasladarse a la forma de vida de sus antepasados, contemplar replicas de los chozos donde residían los pastores en el campo o los que especialmente se construían para el resguardo de los animales durante los días de lluvia y viento. Su construcción se realizaba en forma de círculo con maderas que se entrecruzaban y se revestían de ramajes y paja larga para evitar el frío, mientras que la techumbre se recubría con juncos. Unas estructuras que la evolución económica y social ha dejado obsoleta, pero que durante siglos fueron el mejor refugio de los pastores que pasaban numerosas jornadas fuera de su hogar.

Dentro de las casas se hacía necesario agudizar el ingenio y se ideaban fórmulas naturales para emular, con las consabidas distancias, las comodidades que hoy nos brindan los electrodomésticos. Así se utilizaban útiles como el barquino, que se realizaba con la piel de un chivo y se instalaba en la zona más húmeda y fresca de la casa, lo que permitía brindarnos de agua fresca a cualquier hora del día. Los llaveros de aceites que utilizaban los agricultores para trasladar el aceite y el vinagre, los cuales se realizaban con cuernos de buey; los 'muebles' como los banquillo de corcho, la escobilla que se utilizaba para blanquear las paredes, las canastas de varetas y de cañas para acudir al río a lavar la ropa, las garrafas para conservar el vino, y un sinfín de herramientas que hacían más fácil la vida diaria en el hogar. En síntesis, un recorrido antropológico desde el cual conocer la forma de vida de nuestros antepasados.

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