El laberinto de los sueños

El estreno de Origen, una de esas películas que se esperan con cierta expectación, sobre todo por la personalidad de su director, el británico Christopher Nolan, que desde su impresionante segunda película, Memento (2000), una historia contada al revés realmente original, y también un tanto como en El truco final. El prestigio (2006), nos ha interesado vivamente, ha venido a devolver al primer plano el inconfundible sello de sus realizaciones. Haberse establecido definitivamente en Estados Unidos no ha cambiado mucho sus conceptos cinematográficos - si exceptuamos ciertas concesiones en Batman begins (2005) y El caballero oscuro (2008) -como comprobamos en la película a la que hoy volvemos, tras nuestra crítica publicada aquí el pasado jueves día 19.

No ha tardado esta extraña historia sobre un robo de sueños en escalar los primeros puestos de la clasificación entre las películas más taquilleras. Lo consiguió inicialmente en Estados Unidos y lo ha logrado aquí en la primera semana de su proyección, superando al que se esperaba como uno de los favoritos tras su estreno, Airbender, de M. Night Shyamalan, que ha resultado un tanto decepcionante para la crítica, aunque no tanto para el público. Todo ello teniendo en cuenta que estas películas se mueve con títulos tan favorecidos por el público como Toy Story 3D y Eclipse: La saga Crepúsculo, que hasta el momento es el film con mayor recaudación, una cantidad cercana a los veinte millones de euros.

Pero volviendo a este laberinto de los sueños que es Origen, una fantasía de características muy peculiares en esa órbita siempre tenebrosa y oscura del realizador inglés que con la colaboración de su hermano Jonathan ha elaborado un intenso guión sobre el que llevaba trabajando hace varios años. Así ha conseguido proporcionar convicción y verosimilitud a unas imágenes que, en cierto modo, vienen a contravenir muchos de los conceptos que los espectadores tienen del espectáculo cinematográfico. Ese proceso que va desde la manipulación de la información a robar e impostar ideas en el tortuoso laberinto de los sueños, nos lleva a un nuevo concepto de la transfiguración fílmica y de las valoraciones oníricas muchas veces trasplantadas al cine.

Hay una frase reveladora de este alucinante planteamiento que expone el propio protagonista, fielmente interpretado por Leonardo DiCaprio. Dice así: "Una sola idea de la mente humana puede construir ciudades. Una idea puede transformar el mundo y reescribir todas las normas". Elucubraciones de pura lógica, que la historia del mundo ha demostrado posibles, nos pueden llevar a reflexiones metafísicas que en la mentalidad de un hábil ladrón de sueños, que es el protagonista de Origen, nos conducen directamente a esta historia de ciencia ficción, hábilmente mezclada con la fantasía y la intriga, toda una compleja trama digna de la personal idea que del cine tiene Christopher Nolan.

Sin embargo, sobran en la película esas secuencias de acción exacerbada con excesivos tiroteos, persecuciones acrobáticas y otras concesiones que falsean un tanto ese ámbito de fascinación, incertidumbre, desasosiego y perplejidad que nos deparan muchos de los momentos de mayor intensidad dramática tan abundantes en este interesante relato.

Etiquetas

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios