Crítica discográfica cine

Una joya del Barroco

Componentes de la formación suiza Capricornus Consort Basel. Componentes de la formación suiza Capricornus Consort Basel.

Componentes de la formación suiza Capricornus Consort Basel. / m.g.

La Historia de la música posee siempre recovecos de un valor inefable. Tal es el caso del compositor Francesco Manfredini, discípulo de autores e instrumentistas como Torelli y Laurenti, concertino de la Academia Del Espíritu Santo de Ferrara y músico al servicio del Príncipe Antonio de Mónaco. En los ancestros de nuestro autor hay una larga tradición musical, que radicaba en la ciudad toscana de Pistoia. Allí se estableció su familia en 1684, cuando su padre, Domenico Manfredini, obtuvo su plaza de trombonista y organista, que deparó una rica vida musical durante casi cincuenta años.

Por fin se han llevado al disco las doce Sinfonías de iglesia opus 2, una colección de la que sólo se habían grabado dos obras. Partitura destinada a dos violines, un bajo con órgano y viola optativa y que mantiene la estructura de cuatro movimientos (lento-rápido-lento-rápido). Los lentos contienen esa magia inconfundible de notas solapadas con modulaciones mientras que los rápidos barajan un sinfín de recursos: desarrollo temático, fugas, motivos de danza. Esta música se asemeja a los Concerti grossi de Torelli e incluso tiende un puente a los Concerti armonici de Van Wassenaer.

La interpretación ofrecida por el Capricornus Consort Basel honra las excelencias melódico-armónico-rítmicas de esta colección. Frases sinuosas hermosamente articuladas, timbre esmerado que favorece la textura de algunos movimientos e irrepetibles claroscuros que al cambiar del modo mayor al menor visualizan el mejor arte barroco. La sinfonía más completa temáticamente es la Quinta, que combina la escritura solemne con disonancias, el canon, la transición fugaz y un plus de los intérpretes con unísono del violín y el órgano en la fuga da capella. Delicioso el desarrollo en el andante de la Décima; su non tanto largo entrevé esos virajes de los conciertos para violín del Barroco tardío.

Referimos también movimientos sueltos, como el affetuoso de la Séptima, con entradas holgadas y expresivas; el finale de la Sexta, jugando con diseños que se desarrollan sobre la misma armonía para acabar con la frase del principio; o bien la Cuarta, que resume el ambiente más festivo del Barroco con abundantes frases muy escuchadas en los concerti grossi de la época. Nótese que el tempo en los movimientos rápidos contiene esa presteza de la línea historicista sin que la musicalidad pierda tensión en manos del Capricornus.

Llamarán la atención las notas al programa: un estudio concienzudo sobre la vida y la obra del autor que engarza a múltiples compositores e intérpretes de la época; un panorama que nos ilustra paso a paso unas partituras ahora certeramente reconsideradas.

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