El itinerario de la memoria

Cuando en 1990 los organizadores preparábamos la décimo sexta edición del Festival de Cine Iberoamericano de Huelva, decidimos dedicar una de las secciones a las diez mejores películas de la última década. Para ello consultamos en encuesta a los mejores críticos y escritores cinematográficos españoles. La respuesta por mayoría absoluta dio una lista en la que en primer lugar se erigía el título más votado: El Sur, de Victor Erice. Víctor, había realizado en 1973, El espíritu de la colmena, una de las películas más premiadas del cine español, que sigue siendo uno de los mejores films de nuestra cinematografía de todos los tiempos. El Sur, esperada con la mayor expectación, respondió a lo que se auguraba de tan aplaudido realizador, cuya filmografía en cambio ha sido muy exigua.

El argumento nos trasladaba a La Gaviota, una casa en los alrededores de una ciudad del norte. En ella viven Agustín, médico y buscador de manantiales de agua, un zahorí; su mujer, Julia, maestra en paro represaliada y Estrella, la hija de ambos, que siente una especial fascinación por su padre. Un día, accidentalmente, Estrella, descubre algo que le lleva a sospechar que en la vida de su progenitor hubo otra mujer. A partir de ese momento la vida de La Gaviota no será la misma. Pero Estrella nunca descubrirá, ni siquiera en la última conversación que mantuvo con su padre siendo ya adolescente, la verdadera identidad de la mujer que, como él sabe, ha vivido siempre en el Sur.

En este ciclo Cine español, iniciado con tanto acierto el pasado miércoles por el Cine Forum la Gota de Leche, caben muchos títulos de nuestra mejor cinematografía, pero es evidente que en tan reducida selección, El Sur, resulta imprescindible. A propósito de su película decía Victor Erice, "Sólo hay cine donde hay viaje auténtico, experiencia, encuentro." Y esta película es como el itinerario de la memoria, es decir un periplo, tal vez iniciático para Estrella, donde están el sueño y la realidad, el juego de los recuerdos y las ilusiones, las luces y las sombras de un pasado y de un presente y sobre todo el siempre incierto y ardiente despertar de la adolescencia, de los sentidos, de una nueva perspectiva vital.

Ese mundo interior, casi claustrofóbico, de La Gaviota, se abre a nuevos derroteros del pensamiento y de la imaginación de una niña que despierta sensiblemente a nuevos rumbos de la imaginación y de la fantasía, de la realidad y de los misterios que pueden revelar un pasado presentido e incierto. El Sur ha escrutado en esos caminos de la mente de una adolescente que van de la admiración efusiva hacia un padre, que se desvanece en una nebulosa evanescente de sospechas y de incertidumbres. Todo ello en una narrativa lírica, sugerente, llena de sensaciones poéticas y donde la metáfora constituye una vez más una expresión insinuante para concebir y plasmar ese lenguaje elíptico tan propio de narradores cinematográficos con sentido y sensibilidad para crear en la pantalla un pálpito de vida y de sensaciones.

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