La íntima afición de don José Gallardo

  • Los lunes taurinos en el Centro de Día de Mora Claros se han convertido en una apetecible cita l El veterano novillero onubense Pepe Gallardo fue el protagonista de la anterior charla coloquio

RATOS íntimos. Momentos para aficionados con ganas de escuchar de toros. El sitio donde encontrar el aliento con profundo sentimiento choquero, ahí, casi apartado del oropel de cuantioso presupuesto pero hondo y sentimental en la búsqueda de la tertulia maciza y rotunda.

Son los lunes taurinos en Mora Claros. Ya saben: ese centro de día donde de tantas cosas se hablan y tantos ratos se postulan ahora como taurinos de la mano de varios compañeros de la información con ganas de hablar de toros.

Cipriano Díaz, Vicente Parra, Pedro Quintero y Cristóbal Real Moya lo llevan para adelante con el apoyo sincero de la Delegación de Asuntos Sociales de la Junta. Ya les digo, desde la más absoluta sencillez pero con la evidencia de un excelente trabajo.

Me encontré junto a ellos, sentado en una mesa, y como protagonista principal, un personaje ciertamente entrañable de esta Huelva. Con la esencia de quien no puede dejar de sentirse y pensar en torero, allí estaba Pepe Gallardo.

El agua no solo había frustrado semanas antes el festejo de Lucena sino también mi previsto encuentro con él.

Pepe, a buen seguro, se fue ese día con su hatillo cargado, no de estaquilladores y muleta, sino de recuerdos en forma de esos recortes y fotografías y crónicas de otros tiempos en los ruedos que siempre le acompañan

No llegué a conocerle en los ruedos. Ni siquiera en ese postrer festival que Gallardo toreó en Huelva a beneficio de la lucha contra el cáncer en diciembre del 72, llevándose el trofeo en litigio.

Se encargaron los compañeros de poner en suerte toda causa de recuerdos y reconocimiento. Detallada la disección de Cristóbal Real, complementadora la parte donde Vicente Parra dejó agarradas para el recuerdo otras tantas peripecias del personaje. Cariñosa y conocedora también la faceta desde donde Cipriano Díaz y Pedro Quintero desmenuzaron la faceta del hombre y el artista. Buen conjunto para enmarcar a un personaje al que las circunstancias difíciles no le han dejado ni el amargor que el destino le deparó en la plaza de Jerez de los Caballeros aquel 25 de Julio de 1951, para tener que retirarse del toreo uno de los novilleros punteros de esta Huelva.

No cabe en la cabeza de Pepe Gallardo nada más que educación para tratar con todos y quizás tan solo la añoranza de saberse vencido pero no perdedor en su carrera ante el toro.

A José Gallardo quizás le destrozó aquella tarde la cara un toro, pero sigue siendo torero. Se le nota en los sueños que aún se le vienen a la boca cuando habla de sus comienzo como novillero. De Morenito, el empresario, de sus amigos Litri y Chamaco, aquel que se echó para adelante con los gastos de dos operaciones costosas en Barcelona, con las que paliar la serenidad del físico y del alma de quien apretaba en cada paseíllo las ilusiones de brindar triunfos a su tierra.

Tienen sabor esos recuerdos gráficos que muestran al protagonista a hombros cualquier tarde triunfal de su prometedora carrera novilleril, de ese toraco de Aroche, destartalado de pitones en un volapié a ley o ese paseíllo en Ayamonte, el de los 'treinta y cuatro millones de pesetas al cambio de hoy, junto a Litri y Aparicio y Gallardo en el centro.

Sobrecoge, por detrás de unos toreros alineados contra la pared, sin duda ese apunte de foto donde el protagonista escribe , "Jerez de los Caballeros, día de la cogida".

No es cuestión de volver a esbozar la fecunda y brillante aunque corta trayectoria que toda Huelva conoce de José Gallardo. Sí es ocasión y justa también en el tiempo de no dejar de enaltecer la figura de un personaje que nos debe de dejar la estela de un profundo reconocimiento que como aficionados al toro de esta Huelva le debemos.

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