Una intérprete a la que Europa da suerte

  • Los avances en la carrera de Penélope Cruz proceden siempre de títulos rodados en el viejo continente

Esta semana ha circulado por internet una supuesta filtración que recogía los nombres de los ganadores de esta noche, una lista que descartaba a Penélope Cruz como mejor actriz de reparto en favor de Amy Adams, la ingenua monja de La duda. Aunque la Academia, que ha tenido que pronunciarse, ha tachado este documento de "completo fraude", la anécdota revela que no es tan firme la condición de favorita que le adjudican algunos medios de comunicación a la actriz madrileña. Se haga o no esta noche con el Oscar, la intérprete ya ha conseguido, con esta segunda candidatura al premio, ese respeto de Hollywood que buscó afanosamente durante años, cuando participó en unos cuantos proyectos desafortunados que auguraban una frustrante aventura americana.

El rostro de Cruz irrumpió en el cine español en 1992 con dos papeles de registros contrarios: la sensual protagonista de Jamón, jamón, de Bigas Luna -su primera nominación al Goya-, y la cándida hermana menor de Belle Epoque, de Fernando Trueba. Tras este prometedor comienzo, sin embargo, la actriz encadenó una serie de títulos mediocres: comedias insustanciales (Alegre ma non troppo, de Fernando Colomo; Todo es mentira, de Álvaro Fernández Armero) y dramas fallidos (Entre rojas, de Azucena Rodríguez; y La Celestina, de Gerardo Vera). Su participación como Melibea en la torpe reescritura del clásico de Fernando de Rojas supuso, posiblemente, el momento más desgraciado de su carrera.

Pero Cruz remontó después de esta caída y empezó a trabajar en una serie de rodajes con mejor estrella. Con El amor perjudica seriamente la salud, de Manuel Gómez Pereira, logra un importante éxito de taquilla; Almodóvar le ofrece entonces una colaboración en Carne trémula, un breve personaje -la madre de Liberto Rabal- con el que inicia su idilio con el director manchego; Alejandro Amenábar la involucra en Abre los ojos, un título que la ayudará más tarde a asentarse en Hollywood cuando Cameron Crowe y Tom Cruise preparen el remake de la cinta. La culminación de esta etapa llega cuando Fernando Trueba la dirige en uno de sus trabajos más convincentes, La niña de tus ojos, por el que suena en la Berlinale para el premio a la mejor actriz y obtiene su primer Goya.

La actriz tiene tiempo para reencontrarse con Almodóvar (Todo sobre mi madre) y Bigas Luna (en la tediosa Volavérunt) mientras intenta hacerse un hueco en la industria norteamericana. The Hi-Lo Country, de Stephen Frears; Todos los caballos bellos, de Billy Bob Thornton; Blow, de Ted Demme, y La mandolina del capitán Corelli, de John Madden, decepcionan pese a que la intérprete comparte cartel con Matt Damon, Johnny Depp y Nicolas Cage, y marcan el sino de lo que vendrá luego, desde Vanilla Sky hasta Gothika, con Halle Berry.

Paradójicamente serán dos filmes rodados en Europa los que le granjeen el prestigio internacional: la italiana No te muevas, de Sergio Castellitto, que le reporta el Premio del Cine Europeo y el David di Donatello, y la española Volver, de Almodóvar, galardón compartido en Cannes, Goya y candidatura al Oscar.

Es el viejo continente el que vuelve a darle suerte: el proyecto barcelonés de Woody Allen le facilita numerosas distinciones de la crítica, su tercer Goya, el Bafta y un nuevo acercamiento al tío Oscar. Dos estrenos le aguardan ahora: Los abrazos rotos, de Almodóvar, junto a Lluís Homar y Blanca Portillo, y Nine, musical que dirige Rob Marshall, con Daniel Day-Lewis, Sofia Loren y Nicole Kidman, entre otros. Las perspectivas son favorables: ambos filmes se rodaron en Europa.

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