"Han intentado ocultar que Doñana era un lugar donde siempre ha vivido gente"

  • El almonteño presenta hoy en Sevilla su última obra, 'Los almajos', con la que vuelve a reivindicar la importancia del "factor humano" en el paraje · El autor pide la recuperación de los vestigios de la ocupación

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Doñana está un poco más viva con Juan Villa. Su última novela, Los almajos (Paréntesis), lleva unos días en las librerías para dar continuidad a la serie del entorno almonteño iniciada en 2005 con Crónica de las arenas: la otra cara de Doñana (Fundación José Manuel Lara), y continuada con El año del Malandar (Paréntesis, 2009). Ahora retoma algunos de los personajes de la primera para ambientar una partida de cartas que discurre con la misma celeridad con la que el lector devora sus 92 páginas. Porque esta obra, novela corta de género, es de lectura rápida e intensa, con la culpa como sentimiento turbador en un espacio natural único, de nuevo en plena posguerra. Pero la trilogía se ampliará con un cuarto título de nombre provisional, La Vera, centrado en los 60, en plena transición "del señorito al biólogo", con la creación del Parque Nacional. De ello hablará seguramente en la presentación de Los almajos que hoy hace en Sevilla (Centro Cultural Cajasol, 19:00), y en la del 19 de enero próximo en Huelva. Doñana y su gente serán los protagonistas.

-Con Los almajos quería cerrar su trilogía sobre Doñana.

-En realidad ya estoy escribiendo la cuarta novela, por lo que será al menos una tetralogía. No esperaba que la historia diera para tanto como está dando. Sí tenía previsto que ésta cerrara la trilogía que había concebido. Es una adenda de Crónica de las arenas, con los mismos personajes y el mismo mundo, pero es otra historia lógicamente. Es una nouvelle, una novela corta, técnicamente diferente y, además, más intensa.

-Sus personajes son uno de los muchos puntos en común entre sus tres novelas.

-En realidad, los personajes de las tres novelas publicadas, y de la que estoy escribiendo, se cruzan. En todas están los mismos porque es un mismo espacio. Lo único que cambia es el tiempo. Aquí sólo los protagonistas son personajes nuevos.

-La presencia de Doñana y su gente es la nota más destacada.

-Mi planteamiento en la trilogía era claro, y ahora lo sigue siendo. Por una parte, reflejar este mundo concreto de Doñana pero como espejo de un mundo más amplio, de la situación de los seres humanos en momentos más o menos conflictivos. El mundo de Doñana es muy cerrado, se presta muy bien a utilizarlo como espejo. Es una especie de microcosmos donde puede verse representado todo lo que está ocurriendo a unos niveles mucho más amplios.

-¿Puede considerarse Doñana un personaje?

-Doñana está ahí, como referente y como elemento simbólico. Pero el conflicto que trato en esta novela, concretamente, es el de la culpa. Y ese no es un problema de Doñana, es del ser humano.

-En los últimos años se ha hablado más de una Doñana mágica, mística, con prevalencia de la naturaleza sobre el hombre.

-Doñana da para mucho. Y de alguna manera también se ha tratado de simplificar en los últimos tiempos. Se presenta como un paisaje más o menos idílico, salvaje, primigenio... No es que yo intente desmontar esta visión, que de alguna manera es cierta, pero es que el factor humano es muy importante en Doñana. Parece que se ha olvidado o se ha intentado olvidar; incluso en algunas épocas, conscientemente. La gente que ha regido Doñana ha intentado ocultar que era un lugar donde ha vivido gente siempre, desde Tartesos y la Edad Media hasta este siglo.

-¿Pretende reivindicar la presencia del hombre en el entorno?

-Mi intención es recuperar todos estos mundos, todas estas historias, que son muy interesantes pero no eran políticamente correctas porque se pretendía más dar una imagen de virginidad. Pero el hombre ha estado ahí, y en los años 40 y 50, en estos poblados de colonización, había miles de personas viviendo. Ahora han metido máquinas, algunos los han arrasado totalmente y no queda ni un ladrillo. Me parece una auténtica barbaridad. Intentan hacer lo que no es, llevar a Doñana a un momento primigenio, que no se a cuánto nos tendríamos que remontar, quizá a diez mil años.

-Esa ocupación de Doñana sigue siendo muy desconocida.

-Desconocida por el público de Nueva Zelanda, y de Almonte y Huelva mismo. Se extraña cuando le hablas de que Doñana era un mundo poblado. No es que aquello fuera Manhattan pero había gente, unas formas culturales concretas, unos comportamientos, unas tradiciones centenarias... Había mucho y se ha estado cercenando y destruyendo. Ahora mismo, a lo largo de toda la Vera, hay un montón de casas de guardas que se caen a pedazos y nadie hace nada. Hubiera bastado un mínimo mantenimiento. Esto es una barbaridad y creo que alguien debería tomar medidas y parar este expolio cultural.

-¿Confía en que su reivindicación sirva de algo?

-Alguna gente de la cultura está contribuyendo pero luego nadie hace nada concreto. Y no estamos hablando de obras faraónicas sino de cosas muy nimias para tener en condiciones la poca arquitectura que hay. No es maravillosa pero es la que hay. Han abandonado los poblados y ahora son arrasados en 24 horas por las máquinas.

-¿Le duele más como almonteño?

-A mí me coge de cerca porque estoy viendo destruirse esto día a día. He visto un deteriorio tan terrible que parece que no hay quien lo pare. Te duele más porque una cosa es que conozcas una ruina y otra que conozcas las de algo que has visto vivo. Eso te impacta.

-¿Qué acogida espera del libro?

-Espero que tenga críticas iguales o mejores a los de los anteriores. Me he esforzado igual que en las otras. Es una nouvelle, una novela corta, que hay que elaborar mucho porque al tener pocas páginas se notan mucho más los fallos. Tiene detrás mucho trabajo, desde el punto de vista formal. Hay que tener mucho cuidado con este tipo de novelas porque al final, al ser pocas páginas, te exige que estén mejor elaboradas.

-¿Era un reto enfrentarse a este género tan especial?

-Era algo que quería hacer. Era consciente de que aquí en España es un género que prácticamente se desconoce; parece que es una novela con pocas páginas pero no es así, es un género distinto. Era un reto también en este sentido, meterse en un campo que no está muy trillado, aunque los autores latinoamericanos sí que tienen muy buenas novelas cortas.

-¿Reivindica, pues, la nouvelle?

-Habría que hacer el camino que han hecho los relatos. La novela es una especie de huerfanita que está ahí en medio, que nadie sabe bien lo que es; o novelas con pocas páginas o un cuento muy pesado.

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