La herencia de Valle

Gracias a la infortunada prohibición de un homenaje literario, la obra de Foxá goza de una actualidad que no disfrutaba, quizá, desde los años 50 del siglo pasado. Este olvido se debe, a no dudarlo, a sus tempranas lealtades falangistas, que hoy lo hacen, a un tiempo, repudiable y arcano. A ello vendría a sumársele la rotundidad de sus juicios políticos, que atraviesan sus escritos como entonces atravesaron, no sólo una España, sino una Europa en llamas. En este sentido, y en tantos otros, Foxá es un escritor plenamente europeo. Pero de una Europa otra, cultivada y en armas, que se dirigió resueltamente al exterminio. Algo de eso hay en esta Misión en Bucarest y otros relatos, diligentemente editada por la sevillana Paréntesis. Un mundo donde las masas se muestran en agitación, y donde el aristocratismo de Foxá, su conservadurismo altivo, venía a chocar con el vasto oleaje paritario de las ideologías de izquierda.

Sea como fuere, Foxá pertenece a la excelente nómina de escritores cercanos a Falange. Desde el propio José Antonio Primo de Rivera, muy influido por Ortega, a la erudición ecuménica de Eugenio Montes y Sánchez Mazas, hay una valiosa colección de hombres y de obras que abrazaron el tradicionalismo, o una heráldica de nuevo cuño, como otros se sumieron en el vértigo de las vanguardias. El propio D'Ors, con uniforme improvisado, paseaba las noches del Burgos nacional, como un Goethe levantino, en compañía de tan insigne comitiva. No obstante lo dicho, en estos relatos de Foxá hay una brillante aproximación a los géneros de la modernidad, que van desde la ciencia-ficción al cuento de terror, así como a la novela histórica, hoy tan de moda. Es el caso de Viaje a los efímeros, Hans y los insectos o Lobizón. Por otra parte, en Olor a cera, relato sobrenatural y taurino, hay un explícito homenaje a la poesía popular de Alberti y García Lorca. Sin embargo, es en Misión en Bucarest, novela inacabada, donde las costuras del siglo asoman en toda su pugnacidad agreste. En estas páginas, Foxá hará el elogio de la Rumanía conservadora, ultracatólica y antisemita de entreguerras, cuyo baluarte aciago fue la Guardia de Hierro. Guardia de Hierro, no hay que olvidarlo, a la que pertenecieron escritores como Cioran, Ionesco y Mircea Eliade, sin que hayan mermado sus méritos literarios (el Viaje al fin de la noche de Céline fue también, ay, un viaje al ardiente desprecio de la raza hebrea). Con lo cual, y volviendo a la literatura, he aquí que Agustín de Foxá, conde de lo mismo, escoge el alto magisterio de Valle-Inclán para ejecutar su obra, y el resultado es una escritura vigorosa, en aguafuerte, cuyo logro más conocido es la novela Madrid de Corte a checa, de páginas deslumbrantes y terribles.

Esta tensión lírica, más la potencia metafórica de Valle, es la misma que el lector encontrará en Misión en Bucarest y otros relatos. Al margen de consideraciones políticas, en Agustín de Foxá hubo un memorable narrador y un excelente articulista. Cuando vuelvan a editarse sus artículos, descubriremos nuevamente, junto con la desolación de España, a un excepcional prosista. Mientras tanto, bástenos esta gavilla de relatos, prologados por Luis Alberto de Cuenca, donde se da noticia de un deplorable olvido. Día llegará en que sepamos leer los testimonios de aquella hora sin que la amargura, sin que el dolor, sin que la declarada impotencia nos invada. Cuando todos ellos se reúnan, habremos formado el corpus de una verdad monstruosa. Así viene ocurriendo desde hace ya más de cuarenta años (La guerra civil española, de Hugh Thomas, es de 1961, y El mito de la cruzada de Franco, de Sothworth, del 63). En cualquier caso, el lirismo arcaizante de Foxá, la enérgica vivacidad de su escritura, están fuera de dudas. Una España castiza se resume en su pluma; y un miedo venidero, sustanciado en las masas.

Agustín de Foxá. Editorial Paréntesis. Sevilla, 2009. 264 páginas. 14 euros.

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