El fin de la inocencia

  • Patricia Esteban Erlés y Sara Morante revolucionan el microrrelato español

En las alcobas y salitas de la casa de muñecas que ha construido la zaragozana Patricia Esteban Erlés se esconden secretos lacerantes e historias perversas. Fantasmas victorianos, viudas promiscuas y huérfanas de góticas ojeras juegan a fastidiarse mutuamente. Ni las reglas del tiempo y el espacio logran intimidarlos.

Casi 500 años después de que el duque Albrecht V de Baviera mandara construir a su hija una casa de muñecas en 1558, la primera de la que se tiene constancia según se lee en este volumen, la rivalidad entre los juguetes y los humanos se ha acentuado y ha dejado de ser un enigma. La supervivencia de unos depende de la inocencia de los otros. En pisos cada vez más pequeños, en viviendas monoparentales tapizadas de funcionalismo sueco, era sólo cuestión de tiempo que estos maniquíes articulados que abandonamos a su suerte al dejar la infancia se rebelaran e iniciaran su particular primavera.

Con las fascinantes ilustraciones en negro y magenta de Sara Morante, Patricia Esteban compone un bibelot hipnótico que resulta difícil dejar de mirar. Un potente artefacto literario que ha renovado, con ironía y desenvoltura, la tradición del microrrelato en español. Sin dejar de homenajear a los maestros del cuento, como Monterroso, Mateo Díez y Arreola, la escritora se desprende de corsés académicos y mezcla elementos del cómic, el cine, las teleseries, las revistas de moda, la novela decimonónica y la fotografía pictorialista.

Más que complemento, como corresponde a su talento y erudición, los dibujos de Sara Morante (Premio Euskadi de ilustración por su labor en La flor roja de Garshín editada por Nevsky Prospects) acentúan todos esos guiños, ensanchando los límites del material. En un momento en el que nuevos sellos, como Fábulas de Albión, están reivindicando con gran mimo la literatura de fantasmas y el terror gótico, Morante da una vuelta de tuerca a este imaginario mediante juegos cubistas y figuras superpuestas que propician nuevas lecturas. Esto es especialmente atractivo en los cuentos que tratan el tema del doble, donde hay una clara confusión entre los personajes.

"Tú no eres la del espejo, eres aquella que la del espejo no quiere ser", leemos en la sección dedicada al Cuarto de Baño. Los vivos y los muertos, los humanos y los muñecos, se buscan, se retan y tienden a enfadarse entre sí en estas breves líneas. Como parte del juego, que resulta ser más amable que diabólico, Patricia Esteban invita a pasear al lector por todas las estancias del caserón en miniatura. Crea así una arquitectura sencilla pero efectiva: diez capítulos, correspondientes a otros tantos espacios (dormitorios, cripta, biblioteca, cocina, desván, etc.), que acogen una decena de textos relacionados con dichos lugares.

En total, 100 microrrelatos donde la escritora, nacida en 1972, confirma con su primera incursión en este género el talento que bullía en sus tres primeros libros de cuentos: Manderley en venta y Abierto para fantoches, publicados en 2008 en sellos aragoneses, y Azul ruso (2010), su debut en Páginas de Espuma y finalista del prestigioso premio Setenil.

Esteban Erlés es profesora de Enseñanzas Medias en Zaragoza. Es obvio que admira a Cortázar y Borges, a los que alude sin petulancia en varias de estas piezas. También a Alejandra Pizarnik, Silvina Ocampo, Ana María Matute y muy especialmente a la Daphne Du Maurier de Rebeca. "Ese libro es el punto de partida de mi manera de entender el espacio como algo vivo y partícipe de lo que sucede a los personajes. En Rebeca, la casa es el animal de compañía de un fantasma y un protagonista más que debe morir para que de sus cenizas resurja algo nuevo y purificador", declara.

Hitchcock y el cine de terror de los años 40 y 50 constituyen también aficiones que comparte con Sara Morante (Torrelavega, 1976), a la que conoció gracias a las redes sociales tras admirar su trabajo para editoriales independientes como Impedimenta y Nevsky. La ilustradora y ella intercambiaron ideas y bocetos a través de Facebook para alumbrar, desde sus respectivas ciudades, esta obra que ya va por su segunda edición y cuyo éxito puede acrecentar el clima moral navideño, siguiendo la estela pesadillesca de Tim Burton. Aunque las autoras de esta mixtura de texto y dibujos prefieren recomendar los cómics macabros de Edward Gorey, que tanto influyeron en el director estadounidense y en su propio gusto estético por dar cancha a lo fantástico y deformar la realidad para mostrarla lo más desnuda posible. Sin cortinas ni paredes, al fin.

Patricia Esteban Erlés. Ilustraciones de Sara Morante. Páginas de Espuma. Madrid, 2012. 182 págs. 17 euros

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