"No existe una Lolita con pose o disfraz"

Lolita no hace esperar. Cumple a rajatabla los compromisos de su agenda y, tal y como se ha acordado con anterioridad, espera en casa la llamada del periodista. "Vamos en el mismo barco", confiesa durante una extensa charla en la que se revela como una mujer serena y con un gran sentido del humor. Enamorada de sus hijos, de su compañero sentimental, Pablo Durán, y de su profesión, su interés se posa ahora sobre una línea de sombrillas, chanclas, toallas y otros enseres para la playa ideados por ella y de los que ha supervisado cada detalle. Es lo que conlleva ser una artista completa que combina la canción, la televisión, la pintura y el diseño con el rodaje de una nueva película que esta misma semana empieza en Córdoba con, entre otros, Jorge Sanz, Pepe Sancho y Ana Diosdado. Un perfil al que siempre resulta interesante acercarse...

-¿Son la gitanas que ha elegido como imagen corporativa de su firma un homenaje a su madre?

-Homenaje no, pero sí que el subconsciente me traicionó. Me di cuenta de que se parecían mucho a ella cuando las hice. Piensa que mi infancia la pasé detrás de las tablas, desde donde lo que se veía era ese contorno. Tampoco me importa que haya quienes sí la consideren reflejada. Más luz y más energía les mandará.

-Sin embargo, tengo entendido que, trajes de flamenca, usted no suele ponerse…

-Les tengo respeto. Igual que a la bata de cola. Hemos tenido la nevera llena y los mejores colegios gracias a eso. Aparte, yo no pertenezco a ese estilo con lo que sólo los he usado en algún Rocío o para alguna Feria. Sería ridículo de otra manera.

-Y a los que puedan criticar que sus creaciones fomentan la España más cañí, ¿qué les responde?

-A mí eso me entra por un oído y me sale por otro. Es como cuando dicen que se nos conoce por las folklóricas… ¡En todos los países tienen su propia cultura!, ¿no? No creo que hacer una gitana sea mitificar algo ni typical spanish. He tomado este motivo porque representa a mi raza y estoy orgullosa de pertenecer a ella. A quien le guste, bienvenido sea y, a quien no, no pasa nada.

-Acaba de cumplir cincuenta años… ¿Ha constituido algún trauma para usted?

-(Risas) Fue el seis de mayo y sólo supuso un cambio del cuatro al cinco. Es como una primitiva (risas). Claro que son cincuenta y te planteas muchas cosas. Estoy bien, tengo mis niños sanos, mi pareja… Prácticamente estoy empezando a vivir. Las ilusiones y la esperanza no se pierden nunca.

-Si saliera a dar un paseo, raro sería el que no reconociera a Lolita. ¿Cómo asume ser tan inmensamente popular?

-Dando muchas gracias. La gente me quiere no sólo como artista, sino porque me conocen de veras. Me consta que se trata de un cariño verdadero.

-¿Pero su forma de ser coincide con la que muestra en sus comparecencias públicas?

-Sí. Los que me acompañan fuera del trabajo y en casa te lo pueden confirmar. Soy igual que en la prensa, en la calle, cantando, creando… No existe una Lolita con pose o disfraz dentro y fuera. Así soy yo, sin trampa ni cartón.

-Fíjese que, sin embargo, lo que transmite, al menos con los medios, es una personalidad de trato más complicado…

-Es como todo. Si tienes gente educada hablando contigo, no tienes por qué saltar. Los que nos dedicamos a esto estamos para que se nos entreviste y ustedes para entrevistarnos. Claro que, después de nueves meses con fotógrafos esperándome en mi puerta, como yo tuve cuando murieron mi madre y mi hermano, es normal que termines enfadándote.

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