La escuela de nuestros abuelos

  • Una exposición demuestra como el proyecto educativo de la Segunda República está de nuevo vigentel escuela republicana Patio central de la Facultad de Empresariales. Campus de la Merced. Hasta el 20 de diciembre. De 10 a 20.00 horas.

"Ningún gobierno de esta reciente democracia ha realizado una apuesta tan fuerte por la educación como las que hicieron los diferentes gobiernos de la II República". Así de tajante presentaba Luis Carlos Delgado, director del colegio Manuel Siurot, a sus alumnos la exposición 'La escuela en la segunda República', que se exhibe desde el pasado lunes, y hasta el próximo 20 de diciembre, en el patio central de la Facultad de Ciencias Empresariales, del campus de la Merced de la Universidad de Huelva.

A través de grandes paneles, la muestra hace un recorrido por el proyecto educativo de esa época; proyecto que no difiere mucho de la idea de educación impartida hoy en día, pues tras la lectura de sus leyendas se comprueba como un gran número de sus principios educativos aún perviven, afortunadamente.

Según las investigaciones realizadas para levantar esta exposición, de la escuela de la II República -1931-1936- continúan vigentes en la actualidad los principios básicos. El primer gobierno de esta época, comandado por Manuel Azaña, tuvo el valor y el acierto de asumir como labor de Estado la creación de centros públicos. Hoy sería inconcebible que el Estado renunciase a esa responsabilidad de proporcionar una escuela pública y gratuita a todo ciudadano español.

Es más, a través de esta exposición, descubrimos que durante este excepcional periodo también se implantó el principio de coeducación, es decir, que niños y niñas estudiaran juntos en la misma clase, creación de nuevas asignaturas que sustituyeran la enseñanza de la religión; además de la percepción de que el proceso de aprendizaje trasciende los muros de los colegios, y no sólo del uso memorístico de los libros. Objetivos tan actuales, son pensamientos heredados del modelo educativo de la II República. La educación actual, se podría decir, tras observa estos paneles, hunde sus raíces en esta 'belle-epoque' de la historia de España.

"Nada más implantarse este nuevo periodo, el Gobierno de Azaña puso medidas para reducir los altísimos índices de analfabetismo. El 50 por ciento de la población masculina era analfabeta; índice que subía dos puntos en caso de las mujeres. Las escuelas parecían más unas cuadras que centros educativos. Para colmo, los profesores estaban muy mal pagados y presentaban una lamentable formación", explica el director del Siurot, centro que junto a la Facultad de Ciencias de Educación han organizado esta exposición, dentro del ciclo 'La educación ayer, hoy y ¿mañana?', con motivo del cincuenta aniversario del colegio capitalino.

"Se entendió entonces que en la enseñanza residía el motor del cambio, a través de ella tenía que dignificar al país por completo", recuerda Luis Carlos. Para ello, y según los instructivos paneles se comenzó formando a los profesores, la mayoría de ellos al margen de cualquier corriente pedagógica. Si no le prestaba el interés adecuado y debido al maestro no era posible llevar a cabo esta revolución escolar. El cuerpo de maestro era en 1930 de 35.680, un año después de ser instaurada la República se aumentó considerablemente este número rozando los 46.260 profesores.

Esta muestra, aparte de dar a conocer una época brillante de la educación en España, modelo de la actual, pretende, por otro lado, homenajear a toda una generación de maestros y maestras que se creyeron que podían sacar a este país del analfabetismo tal cual y del intelectual, y que por ello lo pagaron muy caro.

Este modelo de escuela unificada, laica, activa, bilingüe, igualitaria, coeducativa, con actividades extraescolares como las cantinas -comedores para conciliar la vida laboral y personal, y las colonias de verano, en la actualidad, campamentos sociales, como es de suponer no tardó en provocar una virulenta reacción de los sectores sociales y políticos más conservadores, que llegó hasta sus últimas consecuencias con la Guerra Civil: "Una escuela sin Dios no puede ser otra cosa que una escuela de inmoralidad, de corrupción, de traicióný". Este sector profesional sufrió brutales represalias, y todo lo implantado en esos cinco años se fue al traste durante casi 40 años de dictadura franquista.

Sin querer hacer con ella ninguna concesión a la nostalgia, con esta exposición parece que solo se reivindica lo que tiene de admirable y de actual la labor de entonces Para acabar una de las frases dicha por un profesor de francés en aquella época y así resumir esos breves pero intensos años. "Antes cuando se llegaba a un pueblo el edificio más importante era la iglesia, ahora éste será la escuela".

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