De la diversión al orden

EEUU, 2007, Thriller. Dirección: Roland Joffé. Guión: Larry Cohen, Joseph Tura. Intérpretes: Elisa Cuthbert, Daniel Gillies, Pruitt Taylor Vince, Michael Harney, Laz Alonso. Música: Marco Beltrami. Fotografía: Daniel Pearl. Montaje: Richard Nord. Cines: Al-Ándalus Bormujos, Ábaco, Aljarafe, Arcos, Cineápolis, Los Alcores, Lux Cinemas, Nervión.

ECONCIERTO. Serie Siglos de Música. Grupo Praça Onze: Francesco Manna (flauta travesera), Lilly Pitta (percusión) y CHiqui García (guitarra clásica). Programa titulado Memòrias e Saudades (selección de obras de autores brasileños y argentinos de los siglos XIX y XX). Iglesia de San Jorge de Palos de la Frontera. 11 de octubre de 2012. Nueve de la noche.

Con la Hispanidad vuelve la música en una programación de conciertos que lleva el epígrafe Siglos de música y que patrocina la sede de Santa María de la Rábida de la Universidad internacional de Andalucía. Este año ha servido de enclave para la inauguración la misma cuna del descubrimiento de América: la iglesia de San Jorge de Palos de la Frontera abría sus puertas a PraÇa Onze, título de un grupo instrumental enraizado en la amplia tradición brasileña.

Un trío que en su velada del jueves empatizó con el público. Melodías y ritmos tan frescos como cambiantes se fueron entrecruzando en un programa ameno que contenía exquisiteces del ayer y el hoy. El lenguaje más representativo de compositores afamados se combinaba con rasgos yazísticos en un trabajo versátil y colorista; con muy buen gusto seleccionaron las piezas, que brindaban al oído un poco de lo mucho que tiene que ofrecernos la inspiración. Además, el virtuosismo estuvo en todo momento al servicio de la música, a diferencia del estrellato al que a veces tienden los músicos mejor formados.

Soporte melódico del concierto, una flauta travesera de timbre moldeado ricamente con fiato que nos adentró en paisajes espléndidos y joviales; su expresividad, a flor de piel, daba al discurso el equilibrio perfecto Los ritmos marcados por el percusionista trazaron un exotismo que vino a ratificar las inagotables vertientes de la música brasileña y argentina; su ardor y delicadeza mantuvieron un pulso muy grato, realzado en el toque sutil de algunos instrumentos con que nos sorprendiese. Por su lado, la guitarra dio mucha consistencia a las texturas, y su buen hacer, que alternó el baile y la introspección, convertiría a algunas piezas en una cascada de sensaciones.

Desde el principio, una obra de Marco Pereira, el oyente se ponía en situación: sones eufóricos que se abrían paso generosamente; Pinote es una obra donde la flauta evocó esa melodía que parece hablar de un despertar de la Tierra, música contorneada por notas a contratiempo de la percusión. Y si el Choro hacía fluir todo con confianza, la obra final fue un elixir tropical donde las onomatopeyas dieron vida a la misma naturaleza, en todo su valor primigenio. Fue aquello la armonía inequívoca, entre la música en el seno de la Creación y el silencio sagrado que entraña una iglesia.

Agradecemos al trío su gentileza de aclarar algunas cuestiones del repertorio, con tal de vivir más de cerca el sinfín de ritmos que justifican una tradición musical admirada en los cinco continentes. Y esperamos que estas actividades culturales sean el estímulo para un público que año tras año se familiariza con un repertorio que va de lo clásico a lo moderno, de lo pretérito a lo actual y de lo académico a lo folclórico. Precisamente, la coexistencia de lo culto y lo popular dice bastante sobre los cambios que nuestra sociedad está experimentando en los albores del tercer milenio.

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