El discurso delOSCAR

  • En su 83 edición los premios de la Academia ofrecen unas candidaturas en las que hay un cine más aparente que real dominado por la excelente 'La red social' de David Fincher

A simple vista parece que los candidatos a los Oscars de este año apuestan por el buen cine, con títulos tan contundentes como Cisne negro, Valor de ley, El discurso del rey,La red social y The Fighter. Ha habido sorpresas como la independiente Winter's Bone, con sus cuatro candidaturas, que parece reforzar esta idea, la de una Academia que se ha puesto las pilas, siguiendo la estela de la victoria en 2010 de En tierra hostil. Pero si miramos más atentamente nos daremos cuenta de que esta impresión es más bien falsa.

En realidad, las candidaturas demuestran que la apariencia y no la verdad es lo que domina la industria de Hollywood hoy en día, o dicho en castizo, hay un montón de gatos por liebres. La fulgurante aparición a última hora de Valor de ley es una triste constatación de que el talento de los Coen ha pasado a mejor vida y que tienen que copiar material ajeno de forma tramposa, lejos de los tiempos en que de su magín salían sin dificultad genialidades como Fargo, Barton Fink o El hombre que nunca estuvo allí. Aunque si un grande como Scorsese ganó en su momento por el remake de un filme de Hong Kong, ¿por qué no iban los Coen a vencer versionando uno del mítico John Wayne? Cisne negro tiene todas las papeletas para ver a Natalie Portman culminar su impecable carrera con un Oscar. Ella es lo mejor de un extraño filme que quiere pasar por locura artística una convencional y efectista película de terror llena de tópicos de manual. The Fighter puede ver recompensado el gran trabajo de Christian Bale, en dura pugna con el Geoffrey Rush de El discurso del rey, pero es el típico filme que se malogra a mitad de metraje, cuando su interesante propuesta acaba siendo un cruce entre Rocky y Alí. La citada El discurso del rey es un film honesto y de los que gusta a todo el mundo, pero su formalidad excesivamente británica a veces irrita. Pero atentos, esa capacidad de encandilar a todo tipo de públicos puede promover el voto de los académicos, que hace tiempo no coronan a una película capaz de congregar ante el televisor a toda la familia el día de Navidad.

Ante este panorama, el cine de verdad queda representado este año por La red social, de un David Fincher que como Curro Romero cuando tiene el día lo tiene por derecho. Obsesionado últimamente con ganar la estatuilla, fue capaz de negarse a sí mismo con tal de alzarla con la soporífera El extraño caso de Benjamin Button. Pero con La red social ha mostrado sus poderes con una incómoda y paradójica historia en la que un sociópata incapaz de tomarse un café con nadie sin meter la pata monta en internet el mayor club de amigos de la historia. Una sombría reflexión sobre las relaciones virtuales que impone nuestro mundo y sobre el asumido precio del triunfo. Además de premiar el buen cine, Hollywood tiene la oportunidad de darle un coscorrón a uno de los grandes enemigos de la industria actual, como es la red de redes. Es de esperar que entre el filme de Fincher y El discurso del rey se ventile la noche, aunque Valor de ley puede romper muchos pronósticos como película bisagra entre este bipartidismo.

Entre los grandes derrotados está Christopher Nolan, al que las candidaturas del fenómeno Origen deben saberle a poco. Aunque está en la final como mejor película (pero el que la Academia mantenga la absurda norma de tener diez títulos en esta categoría lo desvirtúa mucho) y su guión, el no tener a su director ni a ninguno de sus intérpretes colocados debe escocer. Aunque para fracasos, los de dos habituales de los Oscars. Justamente, Peter Weir ha visto su aburrida Camino a la libertad fuera del casillero. Mejor suerte hubiese merecido Clint Eastwood, cuya Más allá de la vida se ha quedado sólo con la candidatura de Efectos Especiales, por su escalofriante reconstrucción del tsunami de Indonesia. Sorprende este ninguneo cuando el año pasado la más floja Invictus sí obtuvo algunas nominaciones mayores. Pero se ve que la Academia prefiere el buen rollo interracial a adentrarse en los misterios de la muerte.

Y por supuesto, una de las grandes películas de 2010 se coronará como Mejor Film de Animación, aunque lo de las 10 candidaturas a Mejor Película absoluta le permite hacer doblete. Es Toy Story 3, que sigue demostrando que la gran tradición del cine americano se ha refugiado en los creativos de la Pixar y en la televisión, aunque este último ámbito quede fuera de los Oscars. Bien mirado, la final más justa sería entre Woody y sus chicos frente a La red social, cine de ley, y no el de los Coen. Y curioso que los premios de Estados Unidos hayan copiado uno de los malos hábitos de los Goya de los tiempos de la Sardá: el que el presentador de la gala, James Franco, sea candidato a Mejor Actor por la efectista 127 horas. Pero no parece que tenga que hacer el papelón, pues está cantada la victoria de Colin Firth por su tartamudo Jorge VI, que puede tener un efecto arrastre para las demás candidaturas de El discurso del rey. Lo sentimos por otro personaje con dificultades para expresarse, el encarnado por Javier Bardem en Biutiful. Pero no parece que sea el año oscarizable del madrileño, aunque no necesita la estatuilla para impulsar su gran carrera que le puede llevar a los brazos de Bond.

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