"Para este disco quería el espíritu de alguien que coge una guitarra y canta"

  • El autor de 'Contamíname' y 'Debajo del puente' acaba de publicar su nuevo álbum, 'Alma mía' (Universal), revisión sentimental del cancionero popular latinoamericano que continuará en marzo

A Pedro Guerra Cabrera, que fue el primer presidente del Parlamento de Canarias, le gustaba tocar la guitarra y cantar sus canciones favoritas en reuniones familiares. Su hijo, Pedro Guerra (Güímar, Tenerife, 1966), le salió cantautor. Después de componer discos memorables como Golosinas (1995), Raíz (1999) y Ofrenda (2001), ahora rinde homenaje a aquella memoria paterna con Alma mía, donde interpreta a su manera boleros, rancheras, coplas y otras hierbas.

-¿Ha decidido grabar estas canciones sólo porque le gustan, o tienen alguna historia detrás?

-En realidad son canciones que me gustan. Hace mucho tiempo que pensaba hacer un disco de versiones, y cuando lo decidí me enfrenté a un repertorio muy amplio. En esta primera fase, que consta de dos volúmenes (este primero y el segundo, Contigo en la distancia, que saldrá en marzo), he acotado ese repertorio a clásicos del cancionero hispanoamericano. Son canciones de una cierta edad y comprendidas en un tipo de repertorio, boleros, tangos y rancheras. La razón es que mis primeros recuerdos musicales son algunas de estas canciones, las escuché de niño y las aprendí de muy pequeño. Quizá en el futuro siga con este proyecto y cante un repertorio más moderno y contemporáneo, de artistas españoles o no, cantautores o no. Pero eso será otro tema. Ahora he querido empezar por el principio, cantar lo que cantaba mi padre.

-La producción se reduce a su guitarra y su voz, ¿tal vez por unificar los temas en un solo lenguaje?

-Opté por esta producción porque dentro de ese recuerdo de mi infancia así era como yo las escuchaba. A mi padre le gustaba tocar la guitarra y cantaba estas canciones en casa, en reuniones familiares. Pensé que este disco debía tener ese espíritu, alguien que coge una guitarra y se pone a cantar una canción. Por eso decidí hacerlo sin aditivos, y con la sensación del directo.

-¿Tendrá ese segundo disco el mismo tono de intimidad?

-Sí. Decidí dividir el proyecto en dos partes únicamente porque la selección final consta de treinta canciones, e incluirlas de una sola tacada me parecía excesivo. Todo es parte de lo mismo.

-¿Cómo será la gira de presentación de este trabajo?

-Oficialmente la gira ya empezó, el 18 de septiembre en Badajoz. Canto yo solo con la guitarra y mezclo temas de este disco y de los anteriores. En los próximos meses, mientras dure la promoción, haremos algunos conciertos más y el grueso de la gira se desarrollará entre enero y junio de 2010. Entonces iremos a todas partes.

-¿En qué medida cambia la relación que se establece con el público desde el escenario cuando se interpretan canciones ajenas?

-En realidad no es distinto interpretar en directo temas míos o de otros, porque en este proyecto procuro cantar estas canciones como si fueran mías. No he pretendido hacer una versión donde de pronto me llevo una canción a un sitio extraño o le doy la vuelta para que parezca otra. Lo que hago es integrarla en mi repertorio. El público valorará si le gusta la canción que he elegido y cómo la canto, pero la identificación es la misma porque intento que la entrega por mi parte sea también la misma.

-Sus temas también han sido interpretados por otros artistas. Incluso Contamíname sonó en la voz de Víctor Manuel y Ana Belén bastante antes de que lo hiciera en la suya. ¿Le gusta ver sus composiciones en boca de otros?

-Lo de Contamíname sucedió cuando aún no había lanzado mi primer disco. La canción se convirtió en un éxito y las miradas de muchos artistas se pusieron sobre mí. Muchos me pidieron canciones y todavía escucho a otros cantar temas míos. No hay problema, si tengo repertorio que ofrecerles y les gusta estaré encantado, porque ésa es una forma de dar vida a las canciones que de otra manera sonarían menos o no sonarían.

-En su tema Canciones, del disco Bolsillos, citaba usted a Silvio Rodríguez y a Jacques Brel, pero también a King Crimson. ¿Hasta qué punto estaría dispuesto a recoger influencias y gustos ya superados? ¿Se ve haciendo algo completamente distinto?

-No creo que volviera a eso porque corresponde a otros momentos de mi vida. Tuve una época en que escuché mucho a King Crimson, Genesis y Yes. Pero esa primera época se remonta a cuando yo tenía entre 13 y 15 años. Luego entré en el mundo de los cantautores y digamos que me especialicé en ese terreno. Mi trabajo ha estado encaminado a lograr un sonido mío, a que si alguien escucha mi música diga "éste es Pedro Guerra". Y eso significa encontrar una manera de escribir, componer e interpretar que te pueda identificar. Estoy cómodo con lo que hago y lo que he conseguido. Pero aunque pueda parecer increíble King Crimson y el rock progresivo están ahí, en este cocktail que hago ahora, junto Silvio Rodríguez, Djavan y Mercedes Sosa, que es una de las cantantes de las que más he aprendido.

-De hecho, ha incluido la Zamba para no morir en Alma mía.

-Sí, y en el segundo estará Alfonsina y el mar, que fue un clásico en su voz, y otra zamba argentina, La Pomeña, que también cantó.

-¿Qué opinión le merece la crisis discográfica, con álbum recién salido del horno?

-La crisis no es una cuestión de opiniones sino de realidades: la industria está prácticamente muerta. Hoy día un número uno vende cantidades irrisorias, igual vendiendo mil discos a la semana eres número uno, cuando hace diez años para ser número uno había que vender 50.000. En el fondo podríamos sobrevivir haciendo canciones e interpretándolas en directo, aunque se ha creado una estructura por la cual el disco es la presentación única de lo que tienes nuevo. Pero está claro que dejaremos de hacer CD cuando la gente deje de comprarlos. Imagino que seguiremos grabando canciones para internet, y si es así la gente tendría que pagar algo, porque un disco no se hace gratis. Como mínimo habría que rentabilizar esos costes, que es lo que se hace ahora. Los primeros culpables son la propia industria y las radiofórmulas, porque han creado una cultura del single en la que lo único que interesa del disco es una canción; el disco, como concepto único, ha perdido entidad.

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