Fila siete

Contra la deshumanización del progreso

Sería curioso recordar, hoy que resulta tan recurrente como convencional lo de la memoria histórica, esgrimida por muchos como material arrojadizo y vengativo, que en 1958, cuando se estrenó la película que hoy nos ocupa, el general De Gaulle se ponía al frente de la V República Francesa. Francia parecía superar definitivamente el lastre de la II Guerra Mundial y entraba de lleno en una modernidad que cambiaría estructuras de todo tipo, sus usos y costumbres cotidianas. A eso se refiere sustancialmente en su película Jacques Tati, uno de los grandes humoristas del cine, injustamente olvidado muchas veces.

Así Monsieur Hulot, "alter ego" del propio Tati, protagonizado por él mismo, en su devenir habitual nos muestra a su familia, su hermana casada con un ejecutivo de una fábrica de tubos que vive en una casa ultramoderna donde todo es automático y su sobrino, Gérard, que solo disfruta cuando su estrafalario tío lo lleva de paseo por su barrio de Saint-Maur. Realmente la anécdota es breve, ínfima, casi insignificante, porque lo que verdaderamente importa en la valoración del film: la cuidada, minuciosa, elaboración de cada secuencia, de cada plano, de forma que los "gags" ingeniosos que conforman tan divertido relato, se inserten jugosamente en las situaciones creadas y en el propio ambiente donde se generan.

Jacques Tati, para el que siempre la postura ética resulta paradójicamente inversa a la estética, emprendió una creciente estilización del "gag", en su doble aspecto visual y coloquial, le lleva a abandonar sucesivamente posible raíces próximas al realismo, para adentrarse en planteamientos formales más avanzados a su propio tiempo. Todo ello para definir la intención crítica e incisiva de su película. Contra la progresiva deshumanización de la vida moderna, Tati exalta las bondades de la autenticidad, la realidad de las pequeñas comunidades donde sus moradores, sin aceleraciones gratuitas, todavía se permiten el lujo de perder el tiempo y disfrutar de la pereza.

Si entonces la intención de Tati era de una crítica evidente frente a la realidad de su tiempo, hoy diríamos que sigue vigente, ante una sociedad si cabe mucho más compulsiva en todo, a pesar de que los sucesores del inolvidable realizador, los de la "nouvelle vague", encabezados por Louis Malle, François Truffaut, Jacques Doniol-Valcroze, Alain Resnais, Jean-Luc Godard, de una procedencia arraigadamente urbana, convertida a veces en una jungla, chocaron con esa visión tradicional y casi bucólica que representa Mi tío. Sin embargo hay quien sostiene que el cine de Tati se integra plenamente en la corriente estética de "la nueva ola". Pienso lo mismo, sobre todo considerando esta película que consiguió el Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes de 1958 y el 'Oscar' de Hollywood de ese mismo año.

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