Que cunda

Que cunda el ejemplo. Juan Manuel Seisdedos dona la obra Desnudo, de Manuel Moreno Díaz, su maestro, al Museo de Huelva. Una acción, una más, de la inmensa responsabilidad de un hombre que por encima de ser un gran artista es, ante todo, un ciudadano comprometido con Huelva y su cultura. Sobran las palabras. Y los gestos. Lo único que vale, las acciones. Muchas gracias, Juan Manuel, las que amamos el arte nos enorgullecemos de ejemplos como el tuyo.

Recuerdo este desconcertante desnudo femenino cuando hace aproximadamente más de una década formó parte de una exposición en la Casa Colón que compilaba cien años de pintura en Huelva. En palabras de mi compañero Eduardo Sugrañes, "la muestra más importante celebrada en Huelva en el siglo XX". Allí, entre Vázquez Díaz, Caballero, Frau, Abot, García Vázquez o Pedro Gómez, sorprendía "el hálito de misterio", como destaca Juan Manuel Bonet en su Diccionario de las vanguardias en España, de un pintor extraordinario pero del que, desgraciadamente, conocemos pocas referencias personales y pictóricas.

Según el Diccionario Biográfico Español de la Real Academia de la Historia, Manuel Moreno Díaz (Huelva 1912-Madrid 1967) se formó en la Academia de Bellas Artes de Huelva, bajo la dirección del pintor malagueño José Fernández Alvarado, y con posterioridad, a finales de los años veinte, en Madrid, con su paisano Daniel Vázquez Díaz, del que aprenderá el significado de su inmensa obra protocubista. Moreno Díaz es, sin duda, uno de los discípulos más fieles y resueltos del maestro del Poema del descubrimiento. Y lo es por la rotundidad y fijeza de su dibujo y por las acertadas composiciones volumétricas de origen clásica que no desatiende, para nada, las rupturas cubistas y surrealistas del momento.

Su primer acercamiento a la vanguardia nacional la adquiere a final de los años veinte en Huelva, dentro de ese círculo de amigos y compañeros de inquietudes estéticas que forman Rogelio Buendía, Adriano del Valle, García Morales, Manolo de la Corte, Cádiz Salvatierra y José Caballero. Como este último, se dirige a Madrid, muy jóvenes ambos, no sólo para fortalecer sus conocimientos académicos, sino para aprender, comprender y desentrañar de primera mano los ismos de vanguardia que se experimentaban por estos años en la capital de España. Fundamentalmente. el surrealismo y los postreros latigazos cubistas de los años treinta.

Colaborador asiduo de las revistas La Rábida, en Huelva, y Eco, en Madrid, dirigida ésta por el también onubense Rafael Vázquez Zamora, Moreno Díaz se exterioriza como un dibujante vigoroso, enérgico, firme, preciso, "muy en la línea de sobriedad volumétrica, pulcritud de trazado, majestuosidad constructiva y continencia gestual" de Daniel Vázquez Díaz. Tan solo se desmarca, y con originalidad, por la profunda carga literaria y simbólica que inyecta a sus retratados, como es el caso de este Desnudo de 1948, acercándose por convicción e investigación a los modelos de Togores, Bores, Fernández Balbuena, Pérez Rubio, Sáenz de Tejada o Barradas. "Si la rotundidad cubista en sus dibujos son señas y compromisos, su obra pictórica se aleja por completo, pura reflexión surrealista y expresionista donde no vive la volumetría y monumentalidad y todo es una simbología decadente, misteriosa y, en algunos momentos, depresiva al servicio del hombre, del hombre sólo ante la inmensidad del mundo y de su obra incompleta".

Desde su silencio, desde su "hálito de misterio", Moreno Díaz pasa los años, tras finalizar la Guerra Civil, entre Madrid y Huelva. Su mejor legado es su obra, de la que ojalá algún día saliera a luz en toda su grandeza, y, cómo no, la enseñanza que dejó en la palabra y en la obra de grandes artistas onubenses como Seisdedos, Pilar Barroso o Pilar Toscano, a los que regala la confirmación de un dibujo sereno e inequívoco y la "necesidad de bucear en el interior del ser humano".

Hoy el Museo de Huelva conserva una pieza más de un puzle a completar como es la pintura del siglo XX. El ejemplo de Juan Manuel Seisdedos es el ejemplo que muchos deberían tomar. Ya solo resta que donar y conservar se transforme en exhibir, en exponer para deleite de los onubenses y de los foráneos que vengan a ver o investigar nuestro Museo. Estoy convencida que Enrique Martín lo tiene bien planeado por y para el bien de todos.

Gracias Juan Manuel por ofrecernos un trozo, y tan bello, de la obra de Manuel Moreno Díaz.

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