La crisis en imágenes

Llamémosla recesión o claramente crisis, el cine, y muy especialmente el producido en Hollywood, ha sido especialmente pródigo en reflejar de muy diversas maneras y en ocasiones de forma bastante explícita y dramática las angustias económicas, singularmente una tan significativa y notable en la Historia como la de 1929. Y a tal efecto hay un título sobresaliente, no sólo por sus muy considerable valores cinematográficos, todo un incunable en la antología cinematográfica, sino por su retrato certero de las penurias económicas de buena parte de la sociedad norteamericana de su tiempo. Me refiero a Las uvas de la ira (1940), de John Ford, paradigmática en ese retrato de la depauperación progresiva de una sociedad opulenta. Otros contrapuntos destacables entre muchos serían Esplendor en la hierba (1961), de Elia Kazan o El gran Gastby (1974), de Jack Clayton sobre la novela de Francis Scott Fitzgerald, de la que el director australiano Baz Luhrmann, de quien no hace mucho veíamos Australia (2008), ha filmado una nueva versión. Pero no quiero olvidarme de aspectos económicos depresivos tan ostensibles como los recogidos por el neorrealismo italiano en obras maestras como Roma, ciudad abierta (1945), de Roberto Rossellini; Ladrón de bicicletas (1948) y Milagro en Milán (1950), de Vittorio de Sica; aunque no descartaría, fuera ya de esa fructífera generación, Accattone (1960), opera prima del inolvidable Pier Paolo Pasolini. Y en cuanto a la depresiva posguerra mundial en el propio cine alemán nos brindaba joyas inolvidables, valiosos complementos de la excepcional multiexposición Latitudes, ¿cómo no acordarse de La balada de Berlín (1948), de Robert Adolf Stemmle, uno de los títulos que probaba la voluntad regeneradora de los realizadores alemanes de la posguerra?

La crisis, como a tantos, también ha pasado su factura al cine de Hollywood que sufre de cancelaciones y demoras de muchos proyectos por las dificultades de financiación. Curiosamente ha servido de motivo de inspiración, si bien los críticos se preguntan si los argumentos sobre penalidades económicas animarán a los espectadores habituados a la evasión y el puro entretenimiento. Al remake ya referido de Luhrmann sobre la sociedad que precipitó la debacle económica del 29 y no supo librarse de la depresión, se unió una visión sin ambages de la realidad económica actual a través de la película del inefable Michael Moore - recordemos la polémica Bowling for Colombine (2003) - Farenheit 9/11, Segunda parte, una visión de los problemas económicos del país para la que no ha dudado en conservar el título del último film Farenheit 9/11 (2004) sobre la guerra en Irak y la controvertida política exterior del ex presidente estadounidense, George W. Bush, que tantas ampollas levantó. Dada su tendencia a la manipulación y el efectismo, Moore hizo de su retrato de la crisis otro motivo para la discordia que asegura su comercialidad.

En esta misma temática la televisión tampoco ha desaprovechado esta oportunidad, tal vez por aquello de que no hay mal que por bien no venga. Una serie tan famosa como Mujeres desesperadas, incluyó el problema a través de dos de sus personajes, Lynette y Tom, que se vieron obligados a vender su restaurante por problemas económicos. La misma serie y la cadena Fox han seguido con el tema. Ésta última lo ha hecho a través de un reality show sobre la vida de unos jóvenes en Detroit seriamente afectados por el descenso de ventas en la industria automovilística que vive esta gran ciudad, la auténtica capital del sector.

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