El cómic brilla con luz propia

  • Cada vez más asentado en la escena editorial, el tebeo reclama protagonismo en la Feria del Libro de Madrid con exposiciones y la presencia de sellos especializados

Cada vez más asentado como producto cultural de referencia, el cómic reclama su cuota de protagonismo en la Feria del Libro de la capital española, donde las casetas de editoriales y librerías comparten espacio con la carpa de la Comunidad de Madrid, que reserva su espacio al noveno arte. Las últimas dos semanas han registrado un trasiego constante de visitantes por la instalación, en cuyo interior se puede contemplar una muestra de autores alemanes (Ulf K., Flix, Sascha Hommer, Reinhard Kleist o Line Hoven) y españoles (Paco Roca, David Rubín, Max, Juan Berrio o Carla Berrocal).

"Cada vez tenemos más lectores: las bibliotecas públicas hacen muchísimos préstamos y es innegable que existe un interés creciente", explica Emilio Gonzalo, director de la Asociación Española de Amigos del Cómic. "El abanico de autores es muy amplio y con una calidad muy alta. Tenemos dibujantes capaces de exportar su arte y su genio a Japón, Estados Unidos, Francia, Bélgica, Suramérica... Quedan pocos lugares en el mundo donde no haya un autor de cómic español", celebra Gonzalo.

El problema de fondo, una constante durante los últimos 20 años, es que gran parte del público aún considera el tebeo como un producto infantil y juvenil. "Hasta el momento ha sido una barrera infranqueable", señala el ilustrador Dani Seijas, responsable de relaciones públicas de la editorial Dibbuks. "En los salones no ocurre tanto, porque es un público de aficionados al cómic, pero en las ferias es una lucha constante. Tratamos de abrir la mente de la gente, hacerles ver que el cómic no es sólo una cosa para niños, sino que hay una gran variedad de obras de muchos géneros distintos", añade. Entre los títulos más solicitados de Dibbuks se encuentran obras como Simbad, de Christophe Arleston y Pierre Alary; Los impostores, de Christian Cailleaux, o El velo, seleccionada por la revista The New Yorker como una de las cinco mejores novelas de 2009.

"En España no se hace una buena difusión y promoción del cómic. He vivido en Amberes (Bélgica), y un día me encontré con anuncios enormes del Pequeño Spirou en las marquesinas de los autobuses. Pensé: 'Mira qué majos, han hecho una película de Spirou'; luego descubrí que se trataba de un cómic", explica Seijas.

Pero hay datos para la esperanza, como el acceso de las historietas a un público adulto que nunca se había interesado por este formato. "Nuestro catálogo es un ejemplo de que está desapareciendo ese prejuicio", asegura Catalina Mejía, de Sins Entido. "Por temática, nuestros lectores están más cercanos a la narrativa. Suelen ser personas entre 30 y 50 años, formadas a nivel literario, que se han enganchado al boom de la novela gráfica. Buscan títulos que llamen la atención por su apartado gráfico, pero también por el contenido". Esta editorial ha sabido alejarse de Francia, Estados Unidos y Japón, los tres grandes mercados, para encontrar joyas en Alemania (Insekt, de Sascha Hommer), Grecia (Logicomix, de Apostolos Doxiadis) o Italia (Cuadernos ucranianos, de Igort).

Al igual que el resto de sectores, el tebeo no ha sido inmune a la crisis económica. "En la feria estamos vendiendo algo más, pero en la tienda casi nada. La gente gasta poco, y en cómic menos", apunta José Luis Bueno, responsable de la caseta de The Comic Co. Los lectores, como no podía ser de otra manera, secundan esta opinión de Bueno: "He sido comprador desde pequeño, pero tuve que parar porque llevo tres años en paro, preparando unas oposiciones, y el dinero da para lo que da", dice Ricardo Castell, madrileño de 35 años que curiosea por la feria. Puede que las condiciones actuales sean adversas, pero Emilio Gonzalo apuesta por el optimismo: "Ahora tenemos una crisis como la copa de un pino, pero la gente del cómic va a seguir peleando, porque la calidad de nuestros autores y editores es altísima".

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